martes, octubre 31, 2006

Los retos de la edición independiente frente a la globalización

Octavio Kulesz
Libros del Zorzal


Pocas veces como en los últimos años las editoriales independientes enfrentaron tantos retos y de tal magnitud. Desafíos comerciales, tecnológicos, logísticos, comunicacionales: con la globalización, muchos emprendimientos independientes sucumbieron frente a corporaciones multinacionales que monopolizaron el mundo del libro. Con todo, en la actualidad puede apreciarse un cambio de tendencia en numerosos países, como es el caso de Argentina. En esta presentación intentaré exponer, a partir de mi experiencia en Libros del Zorzal, los principales retos a los que vienen enfrentándose los editores independientes, y trataré de señalar, paso a paso, las iniciativas que podemos llevar adelante para convertir esos obstáculos en oportunidades.


I. Los retos

1. La dificultad más evidente proviene, sin dudas, del área financiera. No hace falta ser un experto para percatarse de que por lo general las grandes corporaciones, en comparación con las editoriales pequeñas, cuentan con recursos muy abundantes y rápidamente disponibles. La mayoría de los emprendimientos independientes tienen serios problemas a la hora de reunir el dinero necesario para llevar adelante sus proyectos, y esto plantea una desventaja de partida.
Como consecuencia, para un editor alternativo prácticamente no cabe ningún margen de error en las decisiones editoriales, pues una tirada de 1000 o 2000 ejemplares que luego no se vende como se esperaba representa un golpe financiero casi imposible de asimilar. De ahí que muchos comiencen imprimiendo una primera edición inferior a los 500 ejemplares, lo que en tecnología offset –es decir, en la modalidad tradicional de impresión– determina un costo mucho más elevado por unidad y, por ende, la obligación de subir el precio del producto.

2. Aunque parezca extraño mencionarlo, es frecuente observar que entre los editores alternativos también escasea el tiempo. Buena parte de quienes llevan adelante un pequeño emprendimiento dividen sus horas entre la edición y otra actividad gracias a la cual sobreviven. Esto, sumado a las dificultades de realizar contrataciones, implica una insuficiencia grave de recursos humanos, un handicap frente a la extrema departamentalización que hallamos en los grandes grupos.

Dentro de una corporación, el sector de diseño se dedica exclusivamente a diagramar, el de corrección a cuidar el estilo, etc. Pero en una editorial independiente, lo más común es encontrar al director diseñando, corrigiendo, cargando cajas, cobrando, contactando periodistas, todo en el poco tiempo que queda luego del trabajo que le proporciona el sustento económico. Esta falta de división de las tareas conlleva un riesgo tanto para la calidad del producto final como para el equilibrio personal del editor.

3. Un tercer aspecto que deberíamos mencionar es el relacionado con la promoción. El poder financiero y comunicacional de los grandes grupos les permite utilizar un vasto sistema de alianzas para transmitir y obtener información. Son las corporaciones las que dominan la mayor parte de las ferias internacionales, mantienen acuerdos muy especiales con medios de prensa –que frecuentemente forman parte de un mismo conglomerado económico– y su capacidad de presión en los puntos de venta les da la posibilidad de adueñarse de los mejores espacios en las librerías.

Por contraste, un editor independiente debe realizar esfuerzos considerables para asistir a ferias que por lo general quedan muy lejos de su país y, como bien se sabe, la falta de regularidad en la participación de esta clase de eventos lleva muchas veces a perder lo conseguido en ocasiones anteriores. Por su parte, el trabajo con la prensa exige un trato igualmente constante, que también puede malograrse si no se sostiene en el tiempo. Y por último, un editor pequeño puede llegar a muchas librerías, pero si no cuenta con auténtica visibilidad (en las mesas o las vidrieras), a duras penas conseguirá que el lector común se percate de la existencia de su sello.


II. Tomar la iniciativa

Estos desafíos estructurales han sido y continúan siendo importantes, pero no necesariamente insuperables. Muy por el contrario, creo que, si los abordamos adecuadamente, los editores independientes podríamos incluso sacar partido de ellos. En mi opinión, muchas de nuestras vulnerabilidades pueden transformarse en fortalezas.

1. En primer lugar, la alarmante reducción de la diversidad bibliográfica y cultural que surgió como consecuencia de la concentración editorial llevó a muchas áreas del sector público a implementar programas de ayuda para los emprendimientos alternativos. Probablemente, el caso más destacado en la materia constituya la experiencia de la Subsecretaría de Industrias Culturales, perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El organismo estimula, desde hace algunos años, la producción y la difusión de materiales independientes, y sus iniciativas han modificado el panorama de la edición en la ciudad. El caso de la Subsecretaría debería servir de modelo para programas nacionales y, por qué no, continentales.
Existen, además, diversas ayudas a la traducción ofrecidas por ciertas Embajadas, que tienen bastante en cuenta a los editores pequeños. Francia, Italia, Alemania y Noruega son algunos de los países que apoyan activamente la traducción al español de sus autores contemporáneos. Estas naciones son conscientes del valor de los pequeños sellos a la hora de difundir la cultura.
En este momento, los editores independientes debemos saber que en el sector público encontraremos aliados claves: organismos locales, nacionales o supranacionales que perciben con preocupación el empobrecimiento de la diversidad bibliográfica.

2. En segundo término, existe otro elemento que debemos aprovechar hoy más que nunca: me refiero a los enormes cambios tecnológicos que está evidenciando el sector. Con esto apunto tanto a los avances en términos de impresión de los libros como a las innovaciones en software de diseño; ambos pueden significar ventajas, especialmente para los sellos alternativos.
Actualmente, comienza a imponerse, con una fuerza cada vez mayor, la impresión digital o “bajo demanda”. Gracias a esta modalidad, un editor puede publicar una tirada de pocos ejemplares (10, 50 o 200 ejemplares, la cantidad que desee) a un costo accesible. Obviamente, el gasto por ejemplar es más elevado que en la tecnología tradicional –offset–, pero la ventaja es que ya no hace falta imprimir grandes cantidades (500 o 1000, por caso). La impresión digital todavía presenta algunas limitaciones (en el formato de las tapas, por ejemplo), pero los avances son tan rápidos que cabe esperar mejoras en el mediano plazo. La asimilación de esta tecnología por parte de los sellos alternativos ayudará a minimizar los riesgos de las primeras ediciones, así como a reducir el espacio destinado al depósito de los libros.

Con respecto al software de diseño, es indispensable trabajar en la incorporación de los programas más recientes, como el Indesign CS2, que tiene, entre otras ventajas, la de colocar automáticamente las notas al pie –algo que ni las últimas versiones de QuarkXPress consiguen hacer–. Este elemento, que puede parecer insignificante a primera vista, permite diagramar un libro de 300 páginas en 3 horas, en vez de hacerlo en 2 días. Sólo con saltos de productividad derivados de la incorporación de nuevas tecnologías será posible competir globalmente con las corporaciones, que cuentan con gran cantidad de personal. Hasta podríamos evaluar la idea de desarrollar softwares de código abierto (como es el caso del Scribus), con módulos especiales que resuelvan los principales escollos del diseño de nuestros libros.

3. De estos elementos se deriva un tercer punto, que considero esencial: la generación de redes de trabajo. Como señalé antes, los grandes grupos cuentan con un sólido sistema de alianzas y contactos nacionales e internacionales. Funcionan por lo general como un enorme cuerpo (no es casual que se llamen “corporaciones”) urgido por la maximización de beneficios de corto plazo, con brazos y piernas repartidos en varios países pero una cabeza ubicada en la sede central, desde la cual se imparten las directivas principales.

Esta “anatomía” les proporciona una notable fuerza de difusión y de información, pero al mismo tiempo los limita, pues las decisiones importantes deben pasar siempre por el centro y luego distribuirse por el resto de la estructura. De hecho, en la actualidad comienzan a revelar mucha más vitalidad los proyectos horizontales que los centralizados: la Enciclopedia Británica pierde terreno frente a Wikipedia, y los medios tradicionales frente a los Blogs. Por eso pienso que es urgente consolidar, a nivel global, una verdadera red de redes de editores independientes. Hay experiencias que apuntan en esa dirección, tal el caso de la Alianza Internacional de Editores Independientes. Un entramado en el que cada editor mantenga su independencia de criterio pero pueda al mismo tiempo compartir ideas y proyectos con otros colegas de todo el planeta.


Conclusión

La edición independiente enfrenta desafíos numerosos y complejos. Sin embargo, la partida no está perdida, ni mucho menos. Quizás pocas veces en la historia se presentaron tantos aliados potenciales para nosotros: el sector público, la tecnología y el trabajo en red. Las corporaciones cuentan con grandes recursos que les permite comprar ideas originales, pero difícilmente pueden elaborarlas. Nuestra tarea será entonces aplicar toda la imaginación posible para comunicarnos y dar la batalla a escala planetaria.