Editoriales alternativas en la construcción del socialismo del siglo XXI Un reto doble.
Prefacio
El tema que nos convoca en esta ocasión tiene distintas maneras de abordaje y distintos niveles de estudio, temas que exigen más que un estudio un debate conceptual en torno a tres aspectos fundamentales : el libro, lo alternativo y el socialismo nuestro. Cómo estamos asumiendo estos preceptos, qué nos proponemos con ellos. Convengamos que para llegar a desenlaces en torno a estos aspectos nos haría falta mucho más de 10 minutos y mucho más que un encuentro. Entiendo que el objetivo ahora mismo no es pues llegar a “grandes conclusiones” y dejar verdades asentadas. Este diálogo de saberes ha de ser el comienzo de un infatigable accionar orientado a la inclusión de otras racionalidades que por siglos han sido desperdiciadas amén de la salud de la monocultura dominante. Partir de los conceptos no es un ejercicio ocioso si queremos construir consensos, atendiendo aquello de que “no habrá teoría revolucionaría sin práctica revolucionaria y viceversa”. A continuación un somero análisis histórico para ir insistiendo en que la historia misma es susceptible de cambios.
El libro como dominación
“Al principio era el verbo y dios estaba en el verbo y el verbo era dios”
Juan.
El pueblo hebreo es el pueblo de la escritura por excelencia. Fueron ellos quienes elevaron el texto (lo escrito) a un nivel sagrado. Moisés fue el primer editor de la historia occidental al transcribir los 10 mandamientos dictados por Dios en una piedra y publicarlo a su pueblo. Desde esos tiempos y con la expansión de occidente el “impreso” ha sido el símbolo de la verdad, el sustento de la cultura dominante. No en balde el primer libro que se imprime con el inventito de Gutenberg es la “Santa Biblia”. Occidente demostró que el libro no es un producto cultural nada más sino una herramienta ideológica. El libro se convierte entonces en un acontecimiento contenedor y generador de cultura.
Desde Gutenberg hasta nuestros días ha cambiado la tecnología variando así aceleradamente los procesos de producción de impresos a niveles impensables. Sin embargo no sucedió lo mismo con los criterios editoriales pues, con ciertos bemoles, los medios de difusión y los medios de producción editorial, siguen estando, sino en las mismas manos, por lo menos erguidos en los mismos esquemas de la dominación. La cultura occidental se expandió hace 514 años a este continente a través de la imposición cultural ( dominación territorial y espiritual) de ahí que el saldo histórico no se reduzca a un insondable número de vidas humanas nada más, su gran crimen ha sido desde entonces los continuos etnocidios. Allí donde desfiló la corona, el evangelio y la civilización no hubo espacio para otras visiones del mundo. Símbolos de la conquista son por ello: la espada, la cruz y el libro. Tres elementos desconocidos hasta entonces por los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos.
Los pueblos indígenas que habitaron estos territorios desde hace más 3.500 años, sostenidos por una racionalidad distinta a la que bajó de los barcos, no precisó del texto escrito, del impreso, para salvar el conocimiento ancestral de la voracidad del tiempo ni generar nuevas estéticas, éticas o políticas. Para sustentar la cosmovisión que los unía al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al polvo y a las estrellas; para generar una filosofía, una religión, una historia y una literatura, bastoles el cuento vivo, la anécdota antigua o la canción, lo que hoy conocemos como oralidad. 514 años después, acabadas la mayoría de las lenguas autóctonas, culturas, y racionalidades ancestrales por otra incapaz de convivir con las diferencias, la escuela monoteísta, monárquica y lectoescritora se muestra como única forma legítima y científica de conocimiento y el libro como único contenedor de saberes. Lo demás fue desechado, sustituido, y sobrevive negado. Estamos hablando de una historia que no termina, signada por la dominación, de hecho llevamos demasiado tiempo hablando de ello y es hora de comenzar a hablar de la otra historia: la de la resistencia. De ahí que no podemos hablar hoy de un libro alternativo sin entender que existe el antecedente de otro libro de la dominación. La imposición de una ética, estética, política, religión, filosofía, supone mecanismos de defensa igual de bruscos. Pongo por ejemplo la deserción escolar y el rechazo a los llamados clásicos, a los libros en suma, que nos caracteriza en buena medida a los herederos del esclavismo; como un vago ejemplo. Casi todas las estrategias de promoción de lectura o alfabetización, casi todas fracasaron por no tomar en cuenta este aspecto. Copiados de otros modelos: políticas editoriales y estrategias de lectura no contemplaron la diversidad cultural y los elementos de la resistencia indígena y afrodescendiente al momento de implementarse. Esto es producto de una actitud colonialista o neocolonialista. Conceptos como “Leer es bueno, no saber leer es sinónimo de ignorancia”, “hay que leer lo universal por encima de todo” “la gran literatura, las bellas artes”, son negadores de las otras formas del saber, de los otros criterios de belleza e inmanencia.
La voracidad de occidental no se ha detenido con el pasar de los siglos, se ha ido sofisticando al punto de la legitimación casi absoluta. El rigor científico, tan privilegiado por marxista y neoliberales es uno de los grandes prejuicios de la monocultura, uno de los mecanismos a desmontar en el proyecto de una sociedad nueva, descolonizada e intercultural. Uno de los enemigos de las editoriales de la resistencia.
El libro y la sociedad que necesitamos
Yo diría entonces: el libro alternativo lo es en tanto crítica a la monocultura dominante. Es decir, aquel que como objeto tenga la visualización de las distintas formas de existencia que tienen los pueblos. Será un espacio de interculturalidad o no será. Mucho se ha abusado del término “alternativo” y uno no sabe hasta qué punto sea una nominación reaccionaria. Coincido con Boaventura Santos da Silva en que allí donde existan las dicotomías prevalecen las jerarquías. Entonces cuando hablamos de lo establecido y lo alternativo estamos poniendo al primero por encima del segundo. Sea como sea la oralidad sigue siendo hoy día, pese a la guerra cultural, nuestra forma de expresión más genuina. En ese sentido creo que debemos revisar nuestros conceptos para poder construir un verdadero pensamiento crítico. Estamos hablando de la construcción de una sociedad y de un libro que nos sean propios, es decir que tomen en cuenta la complejidad cultural sin reducirla a sincretismos o pastiches asepticos. En la medida en que puedan representar las distintas racionalidades que cohabitan nuestra contemporaneidad las políticas editoriales serán alternativas al colonialismo moderno. Si no, nada, estaremos reproduciendo el orden establecido y dando sepultura a la diversidad que nos asiste. Partiendo de una crítica a la ideología dominante, libro y sociedad deben perfilarse al encuentro con una subjetividad que entendimos perdida. Es muy corto el tiempo para cerrar mi idea en torno al tema. Apenas digo que descolonizar las identidades es lo primero, lo otro, el libro y la sociedad que necesitamos se irán revelando en la obviedad que las oculta. Saúl Rivas Rivas lo dice mejor que yo: la cuestión consiste en el punto de vista no es lo mismo gritar “¡barco! ¡barco!” que gritar “ ¡tierra! ¡tierra!”. Decidamos con qué ojos nos leemos y luego pensemos en qué palabras nos libramos.
Lo que podríamos plantearnos en este coloquio son, más que respuestas, preguntas que nos conduzcan al hallazgo de nuevas preguntas que nos acerquen finalmente a otras y otras más.
Freddy Ñáñez
Director de Nadie Nos Edita Editores.
0416.478.65.04
San Cristóbal. 2006
El tema que nos convoca en esta ocasión tiene distintas maneras de abordaje y distintos niveles de estudio, temas que exigen más que un estudio un debate conceptual en torno a tres aspectos fundamentales : el libro, lo alternativo y el socialismo nuestro. Cómo estamos asumiendo estos preceptos, qué nos proponemos con ellos. Convengamos que para llegar a desenlaces en torno a estos aspectos nos haría falta mucho más de 10 minutos y mucho más que un encuentro. Entiendo que el objetivo ahora mismo no es pues llegar a “grandes conclusiones” y dejar verdades asentadas. Este diálogo de saberes ha de ser el comienzo de un infatigable accionar orientado a la inclusión de otras racionalidades que por siglos han sido desperdiciadas amén de la salud de la monocultura dominante. Partir de los conceptos no es un ejercicio ocioso si queremos construir consensos, atendiendo aquello de que “no habrá teoría revolucionaría sin práctica revolucionaria y viceversa”. A continuación un somero análisis histórico para ir insistiendo en que la historia misma es susceptible de cambios.
El libro como dominación
“Al principio era el verbo y dios estaba en el verbo y el verbo era dios”
Juan.
El pueblo hebreo es el pueblo de la escritura por excelencia. Fueron ellos quienes elevaron el texto (lo escrito) a un nivel sagrado. Moisés fue el primer editor de la historia occidental al transcribir los 10 mandamientos dictados por Dios en una piedra y publicarlo a su pueblo. Desde esos tiempos y con la expansión de occidente el “impreso” ha sido el símbolo de la verdad, el sustento de la cultura dominante. No en balde el primer libro que se imprime con el inventito de Gutenberg es la “Santa Biblia”. Occidente demostró que el libro no es un producto cultural nada más sino una herramienta ideológica. El libro se convierte entonces en un acontecimiento contenedor y generador de cultura.
Desde Gutenberg hasta nuestros días ha cambiado la tecnología variando así aceleradamente los procesos de producción de impresos a niveles impensables. Sin embargo no sucedió lo mismo con los criterios editoriales pues, con ciertos bemoles, los medios de difusión y los medios de producción editorial, siguen estando, sino en las mismas manos, por lo menos erguidos en los mismos esquemas de la dominación. La cultura occidental se expandió hace 514 años a este continente a través de la imposición cultural ( dominación territorial y espiritual) de ahí que el saldo histórico no se reduzca a un insondable número de vidas humanas nada más, su gran crimen ha sido desde entonces los continuos etnocidios. Allí donde desfiló la corona, el evangelio y la civilización no hubo espacio para otras visiones del mundo. Símbolos de la conquista son por ello: la espada, la cruz y el libro. Tres elementos desconocidos hasta entonces por los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos.
Los pueblos indígenas que habitaron estos territorios desde hace más 3.500 años, sostenidos por una racionalidad distinta a la que bajó de los barcos, no precisó del texto escrito, del impreso, para salvar el conocimiento ancestral de la voracidad del tiempo ni generar nuevas estéticas, éticas o políticas. Para sustentar la cosmovisión que los unía al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al polvo y a las estrellas; para generar una filosofía, una religión, una historia y una literatura, bastoles el cuento vivo, la anécdota antigua o la canción, lo que hoy conocemos como oralidad. 514 años después, acabadas la mayoría de las lenguas autóctonas, culturas, y racionalidades ancestrales por otra incapaz de convivir con las diferencias, la escuela monoteísta, monárquica y lectoescritora se muestra como única forma legítima y científica de conocimiento y el libro como único contenedor de saberes. Lo demás fue desechado, sustituido, y sobrevive negado. Estamos hablando de una historia que no termina, signada por la dominación, de hecho llevamos demasiado tiempo hablando de ello y es hora de comenzar a hablar de la otra historia: la de la resistencia. De ahí que no podemos hablar hoy de un libro alternativo sin entender que existe el antecedente de otro libro de la dominación. La imposición de una ética, estética, política, religión, filosofía, supone mecanismos de defensa igual de bruscos. Pongo por ejemplo la deserción escolar y el rechazo a los llamados clásicos, a los libros en suma, que nos caracteriza en buena medida a los herederos del esclavismo; como un vago ejemplo. Casi todas las estrategias de promoción de lectura o alfabetización, casi todas fracasaron por no tomar en cuenta este aspecto. Copiados de otros modelos: políticas editoriales y estrategias de lectura no contemplaron la diversidad cultural y los elementos de la resistencia indígena y afrodescendiente al momento de implementarse. Esto es producto de una actitud colonialista o neocolonialista. Conceptos como “Leer es bueno, no saber leer es sinónimo de ignorancia”, “hay que leer lo universal por encima de todo” “la gran literatura, las bellas artes”, son negadores de las otras formas del saber, de los otros criterios de belleza e inmanencia.
La voracidad de occidental no se ha detenido con el pasar de los siglos, se ha ido sofisticando al punto de la legitimación casi absoluta. El rigor científico, tan privilegiado por marxista y neoliberales es uno de los grandes prejuicios de la monocultura, uno de los mecanismos a desmontar en el proyecto de una sociedad nueva, descolonizada e intercultural. Uno de los enemigos de las editoriales de la resistencia.
El libro y la sociedad que necesitamos
Yo diría entonces: el libro alternativo lo es en tanto crítica a la monocultura dominante. Es decir, aquel que como objeto tenga la visualización de las distintas formas de existencia que tienen los pueblos. Será un espacio de interculturalidad o no será. Mucho se ha abusado del término “alternativo” y uno no sabe hasta qué punto sea una nominación reaccionaria. Coincido con Boaventura Santos da Silva en que allí donde existan las dicotomías prevalecen las jerarquías. Entonces cuando hablamos de lo establecido y lo alternativo estamos poniendo al primero por encima del segundo. Sea como sea la oralidad sigue siendo hoy día, pese a la guerra cultural, nuestra forma de expresión más genuina. En ese sentido creo que debemos revisar nuestros conceptos para poder construir un verdadero pensamiento crítico. Estamos hablando de la construcción de una sociedad y de un libro que nos sean propios, es decir que tomen en cuenta la complejidad cultural sin reducirla a sincretismos o pastiches asepticos. En la medida en que puedan representar las distintas racionalidades que cohabitan nuestra contemporaneidad las políticas editoriales serán alternativas al colonialismo moderno. Si no, nada, estaremos reproduciendo el orden establecido y dando sepultura a la diversidad que nos asiste. Partiendo de una crítica a la ideología dominante, libro y sociedad deben perfilarse al encuentro con una subjetividad que entendimos perdida. Es muy corto el tiempo para cerrar mi idea en torno al tema. Apenas digo que descolonizar las identidades es lo primero, lo otro, el libro y la sociedad que necesitamos se irán revelando en la obviedad que las oculta. Saúl Rivas Rivas lo dice mejor que yo: la cuestión consiste en el punto de vista no es lo mismo gritar “¡barco! ¡barco!” que gritar “ ¡tierra! ¡tierra!”. Decidamos con qué ojos nos leemos y luego pensemos en qué palabras nos libramos.
Lo que podríamos plantearnos en este coloquio son, más que respuestas, preguntas que nos conduzcan al hallazgo de nuevas preguntas que nos acerquen finalmente a otras y otras más.
Freddy Ñáñez
Director de Nadie Nos Edita Editores.
0416.478.65.04
San Cristóbal. 2006

4 Comments:
Ante el homo ciberneticus
Leer es captar, asir, prender, aprender, aprehender, pensar, entender (intellegere = intus-legere), elegir (legere) y elegir lo mejor (intellegentia - elegantia). Es saber elegir. Elegir en todos los grados, formas y sentidos. Es la capacidad de asombro del homo sapiens. Logro fantástico en el mundo antiguo. Forma de alentar el espíritu y llevar el alma de paseo. Desarrollo, energía espiritual, resonancia acumulada. Diferenciación, abstracción y ordenamiento. Inferencia, generalización. Identificación, comparación, síntesis, interpretación. Novedad, continuidad. Estabilidad, cambio. Asimilación, acomodación. Maduración, experiencia, interacción. Es empezar a conocer a la madre por su sonrisa. Lluvia, noche, sol arriba -nocte dieque incubando- dándole vueltas al alma, oír el aplauso de los pájaros. Descifrar a tiempo el vientre de la noche larga y oscura en la que la luna canjeó su puesto con la muerte. La vida, ejercicio de lectura. El hombre requiere una lectura evaluativa de sí mismo. Hemos de leer la patria. Indispensable, una necesidad, leer el mundo. Urge una lectura de América. De nuestra América. Como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestras ideas, enunciados, principios, graneros, horizontes, clarores, llagaduras, siembras, signos, señas para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental, conscientes de que nuestra mejor defensa, el conocimiento de nuestros propios sueños, creaciones y vigilias. Indefensos ante el cotidiano bombardeamiento visual, televisivo, hemos de dar con el perfil que pueda determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal, social, colectivo, glocalizante. Dar con un Estado Social Naciente. Convencidos de que la paz pasa a través de la revolución. De que sólo una tierra, una democracia distintas hará menos imposible el cielo.
Telever, en cambio, es cegarse, oscurecer, nublarse, ofuscarse, atrofiar, ponerse telarañas, desconocer, desinteresarse, doblar la cabeza, claudicar, plegarse, fingir, burlar, mentir, desfigurar, estar en manos de, pender, apocarse, someterse, deteriorarse, debilitarse, alienarse, enajenarse. Telever es el acto que ha provocado un cambio en la naturaleza del hombre: el homo sapiens se apaga y aparece, prevalece el homo videns. Destronada la palabra, sometida a la primacía de la imagen, la sociedad está condenada a "ver sin entender", a ver sin analizar ni comprender, sustituyendo el lenguaje conceptual (abstracto) por el perceptivo (concreto), prevaleciendo lo visible sobre lo inteligible. El telever deteriora nuestro capital intelectual humano, nuestra capacidad de manejar conceptos, abstracciones, ideas no visibles. El hombre que se alimenta de telever -el homo videns- deja de pensar bien. Los niños crecen en el universo del telever y se convierten en video-niños camino a su etapa de video-adultos, siempre dependientes de la imagen, con una particular videológica que no les permite entender, expresándose en un lenguaje insustancial, inconexo, que los llevará a un yo desintegrado, que puede ser explicado mediante una videopaideia. (Giovanni Sartori.).
Incapaz el homo insipiens de sostener el mundo creado por el homo sapiens, dentro de una videocracia en la que aparece aminorada la capacidad de gestionar la vida en sociedad; debilitado el ciudadano y la democracia, resulta imposible entender lo que ocurre alrededor. El pensamiento insípido lo promueve una televisión que premia la extravagancia, la insensatez, el absurdo. Esta revolución multimedia con el común denominador: el telever, nos confirma que video-vivimos en una sociedad teledirigida con una marcada influencia de la televisión y de la cibernética, donde predomina una “multitud solitaria”, incomunicada, dentro de una “soledad electrónica”, con escasa formación, resultando la televisión creadora de las diferentes corrientes de opinión, induciendo. teledirigiendo la opinión pública. Mediante una “subinformación”, en tanto que los mensajes son extremadamente resumidos, simplistas, insuficientes; y una “desinformación” amañada en función de quienes ostentan el poder (videopolítica). A la larga, la televisión fragmenta, multiplica la estupidez y mata la capacidad de abstracción, los procesos racionales. El homo videns no ve cosas concretas sino imágenes de la realidad fabricadas por la televisión. Ésta muestra al pobre desocupado que tiene hambre, pero no explica por qué está desocupado o cómo se resuelve el problema. Siendo así, aun las cosas que se ven no las puede comprender. La información se nos da descontextualizada. (G. Sartori).
Frente a las limitaciones del analfabetismo gráfico, el analfabetismo audiovisual deja al telespectador en una precaria situación de indefensión ante los mensajes televisivos. La falta de conciencia de los consumidores sobre los intereses y mecanismos de seducción y manipulación de los mensajes audiovisuales facilita esta tarea. Saber leer los medios y escribir, realizar producciones audiovisuales, utilizar los propios medios, constituye el punto de partida de la práctica pedagógica que tiene como objetivo conseguir un receptor / emisor crítico, una alfabetización audiovisual capaz de decodificar, analizar, evaluar y comunicarse en una variedad apropiada de formas. (Marisol Yánez et alii).
El papel hegemónico incontestable de la tv, la indefensión ante los mensajes, el analfabetismo audiovisual, la manipulación social de los medios, el imperio del plano o la violencia visual, demandan, entonces, una respectiva alfabetización, un rescate de la cultura escrita, una pedagogía de la lectura audiovisiva, que atienda al nuevo homo ciberneticus, al neolenguaje y neolectura: la hipertextual. Pedagogía que ha de contar con un enfoque cibernético, con un docente cibernetizado al interior de una convivialidad virtual. Sería referirse al modelo curricular cibernético propuesto por Marcelo Careaga Butter, sustentado en el desarrollo creciente de una conciencia cibernética intuitiva.
Sin embargo, el homo audiovisualis contemporáneo, paradójicamente partícipe de una audiovisualidad traducida en omnicontemporaneidad histórica, instantaneidad y ubiquidad, dispone de una omnicomprensividad a modo de motivación glocalizada, en la que el nuevo “sistema nervioso” comunicacional, sumido en un como agabillamiento videocrático, a gritos reclama prestar atención a las líneas maestras para el futuro ecuménico planetario: interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad.
Llegando a ser el conocimiento, en nuestro siglo XXI, la más básica de todas las materias primas; constituyendo la escritura y la lectura parámetros que miden el desarrollo cultural y económico de un pueblo; siendo que de la lectura depende la libertad del hombre y que el progreso consiste en que la gente pueda leer y lea, he aquí el dilema: Poder leer y leer. O no poder, no saber leer. No leer. Impotencia, indefensión suprema, indefensos quienes no saben o desconocen las letras (Nescio litteras). Las letras, la lectura: el misterio, la incógnita, el enigma; el costo, el valor, el tanto, el precio o sobreprecio; el pago, la comisión, la recompensa. Éste, el problema, el asunto, el caso. That is the question. Opresión, sumisión, dominación, hegemonía, soberanía, libertad. El hombre vale lo que sabe. El hombre vale lo que lee. Importa emplear el pensamiento -la lectura- para cambiar el mundo, respetando, valorizando la naturaleza del hombre.
“Las capacidades de la lectura deberán superar los obstáculos que la reducen a ser un mero reconocimiento de signos y una actividad banalizada por las ofertas impresas, audiovisuales y digitales que empobrecen los contenidos, a la vez que deterioran los procesos cognitivos.” ( Elsa M. Ramírez Leyva).
En definitiva, los nuevos medios en tanto productores de conocimiento obligan a estudiar y garantizar el nuevo aprendizaje humano, la nueva lectura hipertextual. Nos hallamos delante del nacimiento de un nuevo espacio de elaboración de conocimiento con la particular participación del cerebro-computador, desembocando todo en un aprendizaje cooperativo signado por modalidades cognitivas estructurantes del nuevo acto de la lectura. Lo que obliga a ir definiendo la nueva inteligencia colectiva derivada de las recientes tecnologías, de los tantos multimedios o complementos educativos, de los novedosos procesos cognitivos, de las múltiples interconexiones de nodos multimediales.
En cuanto real constructo textual, el hipertexto supone un nuevo rol en el lector hipertextual a partir de la plurivocidad de la experiencia gozosa o fruitiva: la nueva exploración, el nuevo tanteo, descubrimiento, que hacen de la navegación virtual un efectivo encuentro dispuesto a fundamentar al máximo el Proyecto Cultural del siglo que comienza. (Gianfranco Bettetini).
“Leer, leer, leer. Escribir, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar y luego morir”. (Ednodio Quintero).
“Piensa que de algún modo ya estás muerto”. (Jorge Luis Borges).
http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/leer.html
Leer es elegir
Conscientes de “la problemática que supone la plasmación del pensamiento por medio de la palabra escrita”, reconociendo sus límites, hemos de confiar en el “mundo del alma humana, en todas sus emociones y en todas sus fuerzas”19, en volvernos hacia la luz “con toda el alma”, en hacer girar “toda el alma” hacia la luz de la idea del bien, origen de todo, convencidos de que “el alma del hombre es como el ojo, el más solar de nuestros sentidos, el más noble”.20
Hemos de reconocer también que, a partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones, por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad externa a una interna, alcanzando una genérica-sintética, gracias a su tacto personal, tacto seguro (aiestesis) del que depende que podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto-realización, dentro del mejor auto-diagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres21. En pro del llamado personal, vocacional, sociogénico, con miras a un sinérgico desarrollo societal específico.
Sin pretender fundamentar nuestra vida en el solo pensamiento, en sus limitaciones, pensamos con San Agustín que, antes que acudir al ámbito meramente social, hemos de regresar a nosotros mismos, pues, sin tener que ir fuera, es en el interior del hombre donde habita, reside la verdad: Noli foras ire, in te redi, in interiore homine habitat veritas (Aurelius Augustinus: De Vera Religione)22. En verdad, “todas las rutas van hacia la morada de los hombres”. Nos lo dice Horacio: Est modus in rebus, sunt certi denique fines, quos ultra citraque nequit consistere rectum. (Hay en las cosas medida y ciertos límites prescriptos, de los cuales jamás puede la virtud ir atrás ni ir adelante.) “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Lo más importante es invisible.”23
Antes que leer por leer, Gibbon nos recuerda que debemos ejercitarnos en pensar y, mejor, en saber elegir. Por ello, nos complace sobre manera coincidir plenamente con J. Guitton en que “leer es escoger, o, si preferís, con una palabra que se grabará: leer es elegir... y es elegir en todos los grados”, formas y sentidos.24
Lectura de la patria
Si importante es volver a la infancia, con ojos de niños, reconstruir lecturas, encontrarse con la niebla de vuelta a las primeras madrugadas, preguntar a la neblina por la primera plana de la escuela, por el cafetal y por su aldea, su soledad, su musgo, su vereda; por el sueño y su colina azul, cabalgando risueños por el cielo; tornar al fuego interior de la morada humana, al hombre que con nosotros va, a nosotros mismos, más importante y difícil elegir el destino colectivo: leer el mundo, configurar el destino de la propia patria, su mejor proyecto o porvenir.
Leer el mundo, saber leer el mundo es impostergable, indispensable, una necesidad. A partir de la lectura de nuestra aldea, de nuestra localidad, alcanzaremos la del mundo. Desde el cimiento de nuestra propia lectura y la de nuestras circunstancias, lograremos leer el mundo, el que nos correspondió, contribuyendo así a entender y salvar a la humanidad misma.
Es Ernesto Sábato quien lo recuerda: “No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y el aquí.”25 En otra ocasión nos convencía de que sólo universaliza quien ahonda en su aldea.
Apenas ojeado el panorama de violencia permanente, de incertidumbre y pre-revolución, de turbulencia, atrocidad y angustia, pudiera sostenerse que, hoy, entre nosotros, en nuestra patria, nadie lee, nadie estudia y menos, investiga. Ni está en condiciones de hacerlo. Nadie puede leer, ni estudiar, ni investigar holgada, cómoda, sistemática, metódicamente, como convendría, debido al clima reinante de zozobra, desasosiego e intranquilidad, con las concomitantes secuelas negativas para nuestro desarrollo intelectual, técnico y científico.
Difícil, entonces, adelantar una lectura crítica, interpretativa, de la patria -científica- como otrora la hicieran, ejemplarmente, en Latinoamérica, un Mariátegui, un O’Higgins, un Allende, un Bolívar, un Vallejo, un Guevara, un Zea, un Rama, un Rodó, un Freyre, Asturias, Martí, Picón Salas, Betancourt o Carpentier.
En un como secuestro histórico cotidiano, nuestra identidad aparece descaradamente incautada, retenida, confiscada. Ante el vacío de la norma y los valores, las alternativas para definir una ubicación, un despegue, se oscurecen. Somos más capaces de identificarnos con una estación radial o televisiva, nacional o local, con un órgano periodístico o una ventana virtual, que con nosotros mismos y con nuestra propia patria, sus intereses, aspiraciones, utopías.
Menos, somos capaces de dar con la entonación, el humor, con la tendencia, con el perfil que pudiera determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal-social-colectivo, glocalizante. Enrarecido, nublado, congestionado el palacio y, con él, el parlamento, la capilla, los altares, la banca, la callejuela, los bares, las cantinas, los burdeles y sus guarichas, no somos más que “barcos ebrios” en permanente tempestad que no atinamos a dar con mejores amaneceres.
Y menos con un Estado Social Naciente en cuanto auténtica transición social fincada en una solidaridad alternativa y en una exploración de lo posible y lo factible dentro de los rieles de la presente hora histórica; en cuanto nuevo paso evolutivo nacional, amparado en una lealtad social, fundada en el valor universal de la persona en su doble dimensión individual y social, dispuesto a resolver los problemas sociales, en la amplia perspectiva de un mundo glocalizado, dentro de los fraternos lindes geopolíticos, mediante nueva visión, nuevos instrumentos, nuevas leyes, nuevos métodos, nuevas creaciones. (F. Alberoni). Mediante otro modo de ver el mundo, de leerlo, de vivir o sobrevivir, en cuanto construcción histórica, donde la verdad y el saber social sean normas de ser en concomitancia con una real praxis liberadora, razón de ser de nuestra más legítima elección
Difícil, desde luego, convencerse de que la paz pasa a través de la revolución; de la realidad de un orden nuevo mediante la acción solidaria, colectiva. De la hora de la creación, la esperanza y el riesgo. La de asumir personal, comunitaria y nacionalmente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso. De que sólo una tierra -una democracia- distinta hará menos imposible el cielo. (G. Girardi).
Urge “rescatar, leer los signos que dejan las constelaciones y los solsticios para que trabajemos como esforzados segadores en dirección a la luz, esté donde esté, en los territorios de la democracia o la subversión, en aquellos que apunten hacia la consagración de la justicia, la belleza y el amor.” (Mery Sananes).
Lectura de América, del mundo
Alargando la lectura patria, más difícil todavía pretender una lectura de América o del mundo. En medio de la larga letanía del cósmico dolor humano, en esta hora de guerra planetaria, en esta hora incierta de los hombres, “entre la herida universal” del orbe, en esta suprema encrucijada de historia y liderazgos, mientras cada quien quiere su imagen agigantar, cuando “la luna canjeó su puesto con la muerte”, entre nosotros, medianamente imposible distinguir el rumbo, el ritmo, el viraje, el aire que nos falta, el necesario para leer en alta mar, para estudiar y cultivarse, mientras esperamos, atrincherados en luz, al enemigo, cual contrafuertes de justicia y esperanza.
Ojalá leyésemos a tiempo a América que sería como leernos a nosotros mismos, a nuestros primeros jeroglíficos, entre tanta vorágine mundial. Ojalá una Cruzada Nacional-Continental le saliera al paso a tanto apabullante desconcierto, aturdimiento audiovisual, transnacional, capaz de reparar por los fundamentos psicosociales, sobre todo socio-geopolíticos del fenómeno de la lectura, donde al tiempo que se estudie y considere la naturaleza de la misma como proceso de enriquecimiento evolutivo humano, se la entienda como posibilidad real de comprensión de nuestra trágica dependencia y como alternativa válida para la formación del Proyecto Nacional Continental Necesario.
Mientras a las puertas marinas de nuestro Continente, encima de nuestras patrias, cerca de los hombros de esta América, sin que nadie sepa de aquel hombre, aquella gesta, se yergue, orondo, el invasor con sus últimos alaridos de dominación y violencia, como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestra Lengua, en nuestras ideas, nuestros enunciados, nuestros principios, canciones, minas, siembras, soledades, graneros, horizontes, tinieblas, clarores, llagaduras, signos, señas, para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental mediante una auténtica lectura selectiva, analítica, evaluativa, nacional-continental-científica, convencidos de que nuestra mejor defensa es el conocimiento de nuestro propio idioma, nuestros propios textos, que es como decir de nuestros propios sueños, creaciones, trasnochos, vigilias o esperanzas.
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