El libro herramienta de liberación
Encuentro internacional de la edición alternativa e independiente
Feria Internacional del Libro de Venezuela, 14-16 noviembre 2006
Mesa redonda:
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: UN NUEVO DESAFÍO EDITORIAL
Ponencia de Pablo Harari
(Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay)
septiembre 2006
El libro herramienta de liberación
Hace tres meses, funcionarios de un ministerio encontraron en un depósito oscuro y húmedo de Montevideo miles de libros requisados hace más de treinta años por la dictadura militar.
La quema de textos, los Index, la censura, son más viejos que los libros mismos, es famosa la destrucción ordenada por el obispo Atanasio de Alejandría en el año 367 que dejó solamente los textos que luego conformaron el Nuevo Testamento.
Pero cuando nos toca de cerca, cuando sabemos que entre esos libros estaban los de la biblioteca de nuestras casas, cuando al abrir alguno de ellos la dedicatoria revelaba que había sido regalado a un conocido, cuando el autor era un profesor nuestro, la destrucción de libros nos llega hondo y nos interpela desde adentro.
Nos hace ver que los libros son herramientas temidas por los oscurantistas, combatidas por los que ven en ellos armas para la rebelión contra la injusticia.
Esta convicción está, para mi, en el centro del tema que nos convoca: “Socialismo del siglo XXI: un nuevo desafío editorial”.
No voy a referirme al socialismo del siglo XXI porque, para ser honesto, no se bien qué es ni cómo será. No es para nada renegar de mi historia personal, inserta en la lucha por la liberación y el socialismo, sino muy al contrario, reconocer la incertidumbre y reafirmar los principios que nos guiaron y nos guían.
Prefiero, entonces, plantear los desafíos de la edición independiente frente al cambio necesario para lograr una sociedad justa, libre y solidaria.
Profundas mutaciones en la industria editorial
Uno de los desafíos es sobrevivir en épocas donde la concentración empresarial y los conglomerados multimedia han provocado un cambio radical en la industria editorial. Los editores independientes tienen que competir con poderosas empresas en desigualdad de condiciones. En este panorama se generan mecanismos de exclusión de las pequeñas editoriales: los autores de grandes ventas reciben adelantos imposibles de igualar, los agentes literarios se ven forzados a vender derechos para toda la lengua y no fragmentados geográficamente, las casas de un mismo grupo comparten títulos para sus colecciones de bolsillo dejando de comprar a terceros, “seducen” a los autores con promesas de difusión internacional (casi siempre incumplidas).
La concentración comenzó en los Estados Unidos y se extendió a otras áreas idiomáticas: si en el mundo de habla inglesa 80% de las ventas de libros corresponden a cinco editoriales, en el de habla francesa cuatro empresas dominan el 75% de las ventas; en España cuatro grandes grupos publican el 50% de los títulos (Planeta solo controla más del 30% del mercado) y el 4% de las empresas editan el 70% del total. En Italia, Mondadori tiene el 31% del mercado (que aliada a Bertelsmann posee quince editoriales de habla hispana, entre ellas la “argentina” Sudamericana y la “española” Plaza y Janés).
Estas grandes empresas, que resultan de las fusiones, han cambiado radicalmente el oficio de la edición poniendo en peligro no solamente a las editoriales tradicionales, independientes, sino al carácter mismo del libro ya que lo que se busca es exclusivamente la rentabilidad. En estas empresas la última palabra en la decisión de publicar o no un libro no lo tienen los editores sino los responsables financieros y comerciales, es una “edición sin editores” al decir de André Schiffrin.
Mundialización y diversidad cultural
La tendencia a la concentración editorial y el desplazamiento de las editoriales nacionales independientes en América Latina se da en el marco del proceso de mundialización económica y cultural.
Ese proceso de propagación veloz y sin trabas de empresas, finanzas, tecnologías, modos de vida, modelos políticos, ideología, no se hace en igualdad de condiciones. Hablar de “globalización cultural” es un abuso del lenguaje, ya que, por un lado, el flujo de bienes culturales no se da globalmente sino en un sentido: desde los países ricos a los más pobres (si bien ciertos elementos culturales de los países pobres son muchas veces transformados en mercancías difundidas mundialmente); y por otro, hay millones de seres humanos que no tienen acceso a esos bienes globalizados (son millones quienes jamás han realizado una llamada telefónica).
La globalización no es un proceso de la naturaleza, se lleva a cabo con invasiones militares y con acuerdos comerciales. Si bien puede tener aspectos positivos actúa como aplanadora y amenaza tanto en el ámbito de la identidad o identidades de un pueblo como a la necesaria diversidad cultural a escala planetaria.
Esa amenaza tiene dos fundamentos básicos, por un lado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que abren la posibilidad de construir progresivamente un espacio internacional homogéneo, esas tecnologías son el medio principal de la uniformización cultural. Por otro lado los bienes y servicios culturales tienen cada vez más peso económico y se dan negociaciones a escala internacional guiadas por intereses económicos y comerciales poderosos que se imponen a los más débiles atentando contra su cultura y en definitiva contra su soberanía.
La diversidad cultural se encuentra amenazada por el proceso de globalización en una sola dirección y por la predominancia del llamado pensamiento único.
Las editoriales nacionales, independientes están insertas en la vida cultural, muchas de ellas han sido fundadas por escritores o intelectuales y a través de su acción editorial hacen aportes esenciales. Abren sus puertas a nuevos escritores y buscan creadores, actúan de agentes culturales que dan impulso a proyectos que van más allá de su labor editorial.
Son un factor esencial de la diversidad cultural y la protección de la diversidad cultural forma parte, sin lugar a dudas de esa sociedad más justa que todos queremos.
Un desafío es, entonces, buscar los mecanismos para proteger la edición independiente y alternativa. La iniciativa de este encuentro es un ejemplo de pasos en ese camino.
La necesaria profesionalización
Otro reto que tenemos los editores independientes dentro del marco de una acción comprometida con la cultura es profesionalizarnos. Realizar nuestra labor de la manera más eficiente y dirigida a la calidad. Difícilmente podamos sobrevivir el enfrentamiento a multinacionales -o mismo a pequeñas editoriales- si no editamos la más alta calidad y de la mejor forma. Muchas veces se descuida este aspecto y se pierde de vista que la calidad de las obras publicadas debe, necesariamente, estar acompañada de la calidad en la presentación y de una adecuada difusión. Cada vez son más accesibles los medios para publicar: la composición de texto, las impresoras a demanda, los programas informáticos para tratar imágenes, están prácticamente al alcance de todos pero poder utilizarlos no significa ser editor. Por eso profesionalizar nuestra labor es esencial.
La participación factor esencial
Anteriormente decía que no sé como es ni como será el socialismo del siglo XXI. Luego agregué que sea como sea, la diversidad cultural formará parte de esa nueva sociedad y agrego que la participación de los ciudadanos será también, necesariamente, un factor esencial de una sociedad más justa, igualitaria y fraternal. Es en ese sentido que los editores independientes no debemos quedar encerrados en nuestra actividad sino que debemos participar en diversas iniciativas ciudadanas. No pretendo decir que las editoriales deban tener actividad partidaria ya que dejarían de ser independientes, me refiero a no dejar de expresarnos, participar y comprometernos, cuando los valores que le hacen a nuestra actividad estén en peligro y cuando sea necesario ampliar el campo del libre ejercicio de los derechos relacionados con nuestra actividad (expresión, acceso a la educación, diversidad, etcétera).
Propiedad privada del conocimiento
La ideología dominante y las presiones para imponer una sola manera de ver el mundo actúan sobre un tema que forma parte, creo yo, de los desafíos a enfrentar. La propiedad privada sobre el conocimiento y la creación choca con las necesidades sociales.
Los editores independientes que tenemos una concepción distinta de aquellas empresas editoriales que solamente buscan el lucro, que tenemos un compromiso con la cultura y el conocimiento tenemos que reflexionar sobre este tema.
En todo el mundo se están imponiendo criterios que protegen a ultranza la propiedad intelectual y que monopolizan el saber. Con las patentes es muy claro: a través de ellas controlan el saber tecnológico y las posibilidades de desarrollo de nuestros países.
Nosotros, como editores protegemos el derechos de autor ya que estamos convencidos de que es justo que en esta sociedad los creadores sean remunerados. Pero no podemos desconocer que ese derecho individual tiene limitaciones sociales. Es como aquella persona que protestando porque el dueño de una obra artística la iba a destruir exclamó: ¡la obra es suya pero la belleza es de todos!
Si queremos una sociedad más justa y solidaria no se puede aceptar el monopolio del conocimiento.
Creo que el desafío para nosotros es, en este momento, abrir un espacio de reflexión sobre este tema. Ser concientes de la contradicción existente entre lo individual y lo colectivo y cuestionar, en el mejor de los sentidos, nuestra participación en el monopolio del conocimiento y la creación.
Solidaridad entre editores independientes
Finalmente un desafío ineludible para los editores independientes comprometidos con los cambios para una sociedad más justa e igualitaria es establecer lazos solidarios entre nosotros. Conformar espacios como este Encuentro internacional de la edición alternativa e independiente que tan generosamente ha tomado la iniciativa de convocar el Centro Nacional del Libro de Venezuela a quienes agradezco sinceramente su invitación y a quienes felicito por la II Feria Internacional del Libro de Caracas.
Otras iniciativas están dando sus frutos como el “Primer encuentro de editores independientes de América Latina”, realizado en el año 2000 en Gijón; la creación en el año 2002 de la “Alianza de Editores Independientes” que reagrupa a 70 editores independientes de 40 nacionalidades; el encuentro “Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad” realizado el año pasado en Guadalajara; las asociaciones de editores independientes de Chile, Brasil, Argentina y México entre otras.
Quiero terminar diciéndoles que mi utopía como editor es que el libro sea un artículo de uso corriente y masivo, soporte de conocimiento y rebeldía, gratuito y de calidad. Estoy convencido que una propuesta como esta es imposible en un sistema basado en el lucro y la explotación, luchar por libros para todos será también luchar por una sociedad más justa y solidaria.
Feria Internacional del Libro de Venezuela, 14-16 noviembre 2006
Mesa redonda:
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: UN NUEVO DESAFÍO EDITORIAL
Ponencia de Pablo Harari
(Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay)
septiembre 2006
El libro herramienta de liberación
Hace tres meses, funcionarios de un ministerio encontraron en un depósito oscuro y húmedo de Montevideo miles de libros requisados hace más de treinta años por la dictadura militar.
La quema de textos, los Index, la censura, son más viejos que los libros mismos, es famosa la destrucción ordenada por el obispo Atanasio de Alejandría en el año 367 que dejó solamente los textos que luego conformaron el Nuevo Testamento.
Pero cuando nos toca de cerca, cuando sabemos que entre esos libros estaban los de la biblioteca de nuestras casas, cuando al abrir alguno de ellos la dedicatoria revelaba que había sido regalado a un conocido, cuando el autor era un profesor nuestro, la destrucción de libros nos llega hondo y nos interpela desde adentro.
Nos hace ver que los libros son herramientas temidas por los oscurantistas, combatidas por los que ven en ellos armas para la rebelión contra la injusticia.
Esta convicción está, para mi, en el centro del tema que nos convoca: “Socialismo del siglo XXI: un nuevo desafío editorial”.
No voy a referirme al socialismo del siglo XXI porque, para ser honesto, no se bien qué es ni cómo será. No es para nada renegar de mi historia personal, inserta en la lucha por la liberación y el socialismo, sino muy al contrario, reconocer la incertidumbre y reafirmar los principios que nos guiaron y nos guían.
Prefiero, entonces, plantear los desafíos de la edición independiente frente al cambio necesario para lograr una sociedad justa, libre y solidaria.
Profundas mutaciones en la industria editorial
Uno de los desafíos es sobrevivir en épocas donde la concentración empresarial y los conglomerados multimedia han provocado un cambio radical en la industria editorial. Los editores independientes tienen que competir con poderosas empresas en desigualdad de condiciones. En este panorama se generan mecanismos de exclusión de las pequeñas editoriales: los autores de grandes ventas reciben adelantos imposibles de igualar, los agentes literarios se ven forzados a vender derechos para toda la lengua y no fragmentados geográficamente, las casas de un mismo grupo comparten títulos para sus colecciones de bolsillo dejando de comprar a terceros, “seducen” a los autores con promesas de difusión internacional (casi siempre incumplidas).
La concentración comenzó en los Estados Unidos y se extendió a otras áreas idiomáticas: si en el mundo de habla inglesa 80% de las ventas de libros corresponden a cinco editoriales, en el de habla francesa cuatro empresas dominan el 75% de las ventas; en España cuatro grandes grupos publican el 50% de los títulos (Planeta solo controla más del 30% del mercado) y el 4% de las empresas editan el 70% del total. En Italia, Mondadori tiene el 31% del mercado (que aliada a Bertelsmann posee quince editoriales de habla hispana, entre ellas la “argentina” Sudamericana y la “española” Plaza y Janés).
Estas grandes empresas, que resultan de las fusiones, han cambiado radicalmente el oficio de la edición poniendo en peligro no solamente a las editoriales tradicionales, independientes, sino al carácter mismo del libro ya que lo que se busca es exclusivamente la rentabilidad. En estas empresas la última palabra en la decisión de publicar o no un libro no lo tienen los editores sino los responsables financieros y comerciales, es una “edición sin editores” al decir de André Schiffrin.
Mundialización y diversidad cultural
La tendencia a la concentración editorial y el desplazamiento de las editoriales nacionales independientes en América Latina se da en el marco del proceso de mundialización económica y cultural.
Ese proceso de propagación veloz y sin trabas de empresas, finanzas, tecnologías, modos de vida, modelos políticos, ideología, no se hace en igualdad de condiciones. Hablar de “globalización cultural” es un abuso del lenguaje, ya que, por un lado, el flujo de bienes culturales no se da globalmente sino en un sentido: desde los países ricos a los más pobres (si bien ciertos elementos culturales de los países pobres son muchas veces transformados en mercancías difundidas mundialmente); y por otro, hay millones de seres humanos que no tienen acceso a esos bienes globalizados (son millones quienes jamás han realizado una llamada telefónica).
La globalización no es un proceso de la naturaleza, se lleva a cabo con invasiones militares y con acuerdos comerciales. Si bien puede tener aspectos positivos actúa como aplanadora y amenaza tanto en el ámbito de la identidad o identidades de un pueblo como a la necesaria diversidad cultural a escala planetaria.
Esa amenaza tiene dos fundamentos básicos, por un lado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que abren la posibilidad de construir progresivamente un espacio internacional homogéneo, esas tecnologías son el medio principal de la uniformización cultural. Por otro lado los bienes y servicios culturales tienen cada vez más peso económico y se dan negociaciones a escala internacional guiadas por intereses económicos y comerciales poderosos que se imponen a los más débiles atentando contra su cultura y en definitiva contra su soberanía.
La diversidad cultural se encuentra amenazada por el proceso de globalización en una sola dirección y por la predominancia del llamado pensamiento único.
Las editoriales nacionales, independientes están insertas en la vida cultural, muchas de ellas han sido fundadas por escritores o intelectuales y a través de su acción editorial hacen aportes esenciales. Abren sus puertas a nuevos escritores y buscan creadores, actúan de agentes culturales que dan impulso a proyectos que van más allá de su labor editorial.
Son un factor esencial de la diversidad cultural y la protección de la diversidad cultural forma parte, sin lugar a dudas de esa sociedad más justa que todos queremos.
Un desafío es, entonces, buscar los mecanismos para proteger la edición independiente y alternativa. La iniciativa de este encuentro es un ejemplo de pasos en ese camino.
La necesaria profesionalización
Otro reto que tenemos los editores independientes dentro del marco de una acción comprometida con la cultura es profesionalizarnos. Realizar nuestra labor de la manera más eficiente y dirigida a la calidad. Difícilmente podamos sobrevivir el enfrentamiento a multinacionales -o mismo a pequeñas editoriales- si no editamos la más alta calidad y de la mejor forma. Muchas veces se descuida este aspecto y se pierde de vista que la calidad de las obras publicadas debe, necesariamente, estar acompañada de la calidad en la presentación y de una adecuada difusión. Cada vez son más accesibles los medios para publicar: la composición de texto, las impresoras a demanda, los programas informáticos para tratar imágenes, están prácticamente al alcance de todos pero poder utilizarlos no significa ser editor. Por eso profesionalizar nuestra labor es esencial.
La participación factor esencial
Anteriormente decía que no sé como es ni como será el socialismo del siglo XXI. Luego agregué que sea como sea, la diversidad cultural formará parte de esa nueva sociedad y agrego que la participación de los ciudadanos será también, necesariamente, un factor esencial de una sociedad más justa, igualitaria y fraternal. Es en ese sentido que los editores independientes no debemos quedar encerrados en nuestra actividad sino que debemos participar en diversas iniciativas ciudadanas. No pretendo decir que las editoriales deban tener actividad partidaria ya que dejarían de ser independientes, me refiero a no dejar de expresarnos, participar y comprometernos, cuando los valores que le hacen a nuestra actividad estén en peligro y cuando sea necesario ampliar el campo del libre ejercicio de los derechos relacionados con nuestra actividad (expresión, acceso a la educación, diversidad, etcétera).
Propiedad privada del conocimiento
La ideología dominante y las presiones para imponer una sola manera de ver el mundo actúan sobre un tema que forma parte, creo yo, de los desafíos a enfrentar. La propiedad privada sobre el conocimiento y la creación choca con las necesidades sociales.
Los editores independientes que tenemos una concepción distinta de aquellas empresas editoriales que solamente buscan el lucro, que tenemos un compromiso con la cultura y el conocimiento tenemos que reflexionar sobre este tema.
En todo el mundo se están imponiendo criterios que protegen a ultranza la propiedad intelectual y que monopolizan el saber. Con las patentes es muy claro: a través de ellas controlan el saber tecnológico y las posibilidades de desarrollo de nuestros países.
Nosotros, como editores protegemos el derechos de autor ya que estamos convencidos de que es justo que en esta sociedad los creadores sean remunerados. Pero no podemos desconocer que ese derecho individual tiene limitaciones sociales. Es como aquella persona que protestando porque el dueño de una obra artística la iba a destruir exclamó: ¡la obra es suya pero la belleza es de todos!
Si queremos una sociedad más justa y solidaria no se puede aceptar el monopolio del conocimiento.
Creo que el desafío para nosotros es, en este momento, abrir un espacio de reflexión sobre este tema. Ser concientes de la contradicción existente entre lo individual y lo colectivo y cuestionar, en el mejor de los sentidos, nuestra participación en el monopolio del conocimiento y la creación.
Solidaridad entre editores independientes
Finalmente un desafío ineludible para los editores independientes comprometidos con los cambios para una sociedad más justa e igualitaria es establecer lazos solidarios entre nosotros. Conformar espacios como este Encuentro internacional de la edición alternativa e independiente que tan generosamente ha tomado la iniciativa de convocar el Centro Nacional del Libro de Venezuela a quienes agradezco sinceramente su invitación y a quienes felicito por la II Feria Internacional del Libro de Caracas.
Otras iniciativas están dando sus frutos como el “Primer encuentro de editores independientes de América Latina”, realizado en el año 2000 en Gijón; la creación en el año 2002 de la “Alianza de Editores Independientes” que reagrupa a 70 editores independientes de 40 nacionalidades; el encuentro “Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad” realizado el año pasado en Guadalajara; las asociaciones de editores independientes de Chile, Brasil, Argentina y México entre otras.
Quiero terminar diciéndoles que mi utopía como editor es que el libro sea un artículo de uso corriente y masivo, soporte de conocimiento y rebeldía, gratuito y de calidad. Estoy convencido que una propuesta como esta es imposible en un sistema basado en el lucro y la explotación, luchar por libros para todos será también luchar por una sociedad más justa y solidaria.

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