Los desafío de la Edición Independiente frente al mercado globalizado
Agradezco al Centro Nacional del Libro la invitación a este encuentro
“El hombre distraído es perfectamente capaz de acostumbrarse.”1
Estas palabras de Walter Benjamín dan sentido y razón al necesario trabajo con el libro y la palabra escrita en nuestra sociedad. Como él señala, las mutaciones en la percepción encuentran su mejor expresión en la cultura audio visual que favorece una recepción sin atención por parte del sujeto, con “efecto de choque”.
¿Por qué leer?
¿En qué otro lugar, más que en los libros, podemos encontrar y vivir tantas preguntas e intentos de respuestas sobre nosotros, los humanos? ¿Dónde más podemos alimentar las nuevas interrogantes que nacen al filo de nuestra experiencia?
Porque el libro y la lectura fomentan y desarrollan nuestra capacidad crítica. No son caldo de una cultura de la distracción, donde el individuo pierde su posibilidad de transformarse en sujeto participe de su sociedad. Con propiedad podemos hablar de ciudadano lector, pues el lector es potencialmente un ciudadano, “sujeto de derechos políticos y que interviene ejercitándolos”2, elevándose por sobre el fruto de la industria del entretenimiento, el receptor / consumidor.
Por estas y tantas razones, como permanente aprendizaje para vivir, para encontrarse y encontrar al otro. Para preguntar y preguntarse. Para hacer propio ese acto de libertad que se construye y reconstruye al filo de la interpretación y creación, el que hacer con el libro mantiene y recobra cada día su importancia si buscamos colaborar en la construcción de espacios sociales más humanos, para sus ciudadanos.
Y sin duda ese que hacer se encuentra con obstáculos similares a los que enfrentan gran parte de las expresiones culturales en el marco de la globalización, donde el predominio de las lógicas de mercado y el culto a la búsqueda de lucro, han llevado a una inédita concentración en las industrias culturales a escala planetaria.
“El modo de integración primitiva de la obra de arte a la tradición encontraba su expresión en el culto” señalaba en 1935 Walter Benjamín en el mismo libro, “hoy la preponderancia absoluta de su valor de exposición le asigna funciones totalmente nuevas, entre las cuales se podría muy bien dar que la función artística aparezca a futuro como accesoria”. Esas palabras premonitorias, reflejan con lucidez lo que ocurre con la cultura y en particular con el libro en tiempos de globalización, donde la creación y producción de países del sur queda relegada a un segundo plano en los circuitos de difusión y comercialización en el mundo y en sus propios países, ante el dominio de una producción marcada por los grandes grupos de la industria del entretenimiento, donde el eje está en la entretención y el lucro, perdiendo la cultura y el arte su capacidad transformadora.
Pensar en el futuro de nuestras editoriales, en un ambiente sustentable para la edición independiente, está estrechamente relacionado con el luchar por ciertas causas que cruzan transversalmente el que hacer cultural y del libro en el marco de la globalización. En tal sentido el movimiento de editores independientes que se ha dado entre y en los países, como así mismo la construcción de espacios de colaboración mutua, es profundamente alentador. Son muchos los frentes a los que cabe prestar atención, pero sin duda hay a lo menos cuatro grandes temas que están profundamente vinculados a la sustentabilidad futura de la edición:
La lucha por la diversidad cultural que encuentra en la bibliodiversidad una de sus mayores expresiones esta a la base. La Convención Internacional para la Protección y Promoción de la Diversidad Cultural, aprobada en octubre 2005 con solo dos votos en contra y 148 a favor, busca potenciar políticas públicas que ayuden a mantener vivos los tejidos culturales locales, y dotar a la cultura de una base jurídica a nivel internacional que establece derechos y obligaciones de los Estados en relación a sus expresiones culturales. Hacer efectivo lo que establece la Convención de UNESCO en favor de las expresiones culturales es básico para mantener vivo el derecho de los estados a participar en su desarrollo cultural, lo que sin duda incide profundamente en el tipo de democracia que construimos. Participemos activamente en cada uno de nuestros países en las Coaliciones para la Diversidad Cultural y promovamos como primer paso la ratificación de la Convención. En este camino es importante también poner sobre la mesa temas que están ausentes de la Convención -como la concentración en los medios de comunicación- los que están estrechamente vinculados a la posibilidad de hacer efectivo un futuro con diversidad cultural.
Las legislaciones en propiedad intelectual y derechos de autor están sin duda a la base de la arquitectura jurídica en que se mueve el que hacer editorial. En ellas es fundamental recuperar el equilibrio; no pueden avanzar los derechos del creador o titular por sobre los derechos de acceso al conocimiento, la libertad de expresión y de creación. Hoy estos últimos están en peligro, particularmente si nos proyectamos en el ámbito de las nuevas tecnologías donde se están patentando los nuevos alfabetos. Desde el mundo de los creadores y editores no podemos olvidar el sentido social de nuestro que hacer, y permitir que dominen solo discursos punitivos en este ámbito justificados por la lucha contra la piratería. Esta, es un mal que cabe enfrentar, pero por ningún motivo podemos por ello generar un mal peor. Potenciemos el debate sobre este tema, trabajemos en alianza con bibliotecarios y el mundo de la educación, buscando también que el mundo de la edición migre hacia software libres.
Es básico construir e implementar Políticas Nacionales del Libro y la Lectura, estrategias sistémicas que cubran toda la cadena del libro en cada país. La presentación por parte de la Ministra de Cultura de Chile de la Política Nacional del Libro y la Lectura a la Presidenta Michelle Bachelet el pasado 25 agosto, marca un hito para nosotros. Por años, el desafío de Editores de Chile, asociación que reúne a los editores independientes y universitarios, fue el diseño de una estrategia sistémica que permita poner nuevamente el libro al centro de nuestro desarrollo como país, fortalecer la creación, edición, librerías y bibliotecas, recuperar la valoración simbólica de este objeto en nuestra sociedad. Con la implementación de esta política pública que compromete la acción de la sociedad civil, privados y Estado, articulando medidas para fomentar la lectura, la creación, la producción, la comercialización y el acceso, como lo establece el texto recién presentado, se puede ayudar a romper el cerco de la precariedad para el libro y la lectura en nuestro país, recuperar la relación entre la ciudadanía y el libro. Aunar esfuerzos en nuestros países entre los diversos actores del sector que están comprometidos con la creación y producción nacional, con la existencia de industrias nacionales del libro, es en tal sentido básico.
Por último, es imprescindible reforzar y fortalecer los espacios de acción conjunta entre editores independientes y universitarios entre los países. Hay ya varias experiencias, ejemplos, a fortalecer y multiplicar. Por lo demás, hacer frente a las lógicas de la concentración y a la fuerza de estos grandes conglomerados no puede constituirse en una tarea solitaria. En la creación de alternativas comunitarias podemos potenciar y multiplicar el esfuerzo de cada uno. Por lo demás, el construir sentidos de comunidad entre nuestros pueblos es un desafío cultural, y para ello cabe potenciar un verdadero intercambio cultural, en múltiples sentidos, lo que hoy no es una realidad. No es posible que solo el libro español pueda circular entre nuestros países. Como da cuenta el estudio de CERLALC “Panorama de la edición en Ibero América”, España exportó el 2004 a América Latina 236 millones de dólares, mientras que solo importó de la región 7,6 millones de dólares. Es importante sin duda su presencia pero también lo es la llegada de la creación y producción latinoamericana a la península y por cierto entre nuestros países. Debemos articular acciones entre nosotros y políticas públicas para hacer realidad este anhelo.
Salir del círculo vicioso que mantiene al libro ajeno al imaginario social y del mundo universitario, formándose muchas veces los estudiantes sólo con fotocopias y páginas de internet, segmentos de obras, o fragmentos de información, que difícilmente permiten internalizar ideas y formar productores de conocimientos -no meros reproductores-, es uno de los desafíos de la edición independiente. Es hora de que todos tengan acceso a dar vida a las letras y a hacer propia esa experiencia única de libertad –“el conocimiento y la memoria”- que posibilita “ganar la partida”… “en el juego de la peste y de la vida”3
1 “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Walter Benjamin
2 Diccionario de la real Academia
3 La peste, Albert Camus
Paulo Slachevsky
Lom Ediciones
Director Editores de Chile
“El hombre distraído es perfectamente capaz de acostumbrarse.”1
Estas palabras de Walter Benjamín dan sentido y razón al necesario trabajo con el libro y la palabra escrita en nuestra sociedad. Como él señala, las mutaciones en la percepción encuentran su mejor expresión en la cultura audio visual que favorece una recepción sin atención por parte del sujeto, con “efecto de choque”.
¿Por qué leer?
¿En qué otro lugar, más que en los libros, podemos encontrar y vivir tantas preguntas e intentos de respuestas sobre nosotros, los humanos? ¿Dónde más podemos alimentar las nuevas interrogantes que nacen al filo de nuestra experiencia?
Porque el libro y la lectura fomentan y desarrollan nuestra capacidad crítica. No son caldo de una cultura de la distracción, donde el individuo pierde su posibilidad de transformarse en sujeto participe de su sociedad. Con propiedad podemos hablar de ciudadano lector, pues el lector es potencialmente un ciudadano, “sujeto de derechos políticos y que interviene ejercitándolos”2, elevándose por sobre el fruto de la industria del entretenimiento, el receptor / consumidor.
Por estas y tantas razones, como permanente aprendizaje para vivir, para encontrarse y encontrar al otro. Para preguntar y preguntarse. Para hacer propio ese acto de libertad que se construye y reconstruye al filo de la interpretación y creación, el que hacer con el libro mantiene y recobra cada día su importancia si buscamos colaborar en la construcción de espacios sociales más humanos, para sus ciudadanos.
Y sin duda ese que hacer se encuentra con obstáculos similares a los que enfrentan gran parte de las expresiones culturales en el marco de la globalización, donde el predominio de las lógicas de mercado y el culto a la búsqueda de lucro, han llevado a una inédita concentración en las industrias culturales a escala planetaria.
“El modo de integración primitiva de la obra de arte a la tradición encontraba su expresión en el culto” señalaba en 1935 Walter Benjamín en el mismo libro, “hoy la preponderancia absoluta de su valor de exposición le asigna funciones totalmente nuevas, entre las cuales se podría muy bien dar que la función artística aparezca a futuro como accesoria”. Esas palabras premonitorias, reflejan con lucidez lo que ocurre con la cultura y en particular con el libro en tiempos de globalización, donde la creación y producción de países del sur queda relegada a un segundo plano en los circuitos de difusión y comercialización en el mundo y en sus propios países, ante el dominio de una producción marcada por los grandes grupos de la industria del entretenimiento, donde el eje está en la entretención y el lucro, perdiendo la cultura y el arte su capacidad transformadora.
Pensar en el futuro de nuestras editoriales, en un ambiente sustentable para la edición independiente, está estrechamente relacionado con el luchar por ciertas causas que cruzan transversalmente el que hacer cultural y del libro en el marco de la globalización. En tal sentido el movimiento de editores independientes que se ha dado entre y en los países, como así mismo la construcción de espacios de colaboración mutua, es profundamente alentador. Son muchos los frentes a los que cabe prestar atención, pero sin duda hay a lo menos cuatro grandes temas que están profundamente vinculados a la sustentabilidad futura de la edición:
La lucha por la diversidad cultural que encuentra en la bibliodiversidad una de sus mayores expresiones esta a la base. La Convención Internacional para la Protección y Promoción de la Diversidad Cultural, aprobada en octubre 2005 con solo dos votos en contra y 148 a favor, busca potenciar políticas públicas que ayuden a mantener vivos los tejidos culturales locales, y dotar a la cultura de una base jurídica a nivel internacional que establece derechos y obligaciones de los Estados en relación a sus expresiones culturales. Hacer efectivo lo que establece la Convención de UNESCO en favor de las expresiones culturales es básico para mantener vivo el derecho de los estados a participar en su desarrollo cultural, lo que sin duda incide profundamente en el tipo de democracia que construimos. Participemos activamente en cada uno de nuestros países en las Coaliciones para la Diversidad Cultural y promovamos como primer paso la ratificación de la Convención. En este camino es importante también poner sobre la mesa temas que están ausentes de la Convención -como la concentración en los medios de comunicación- los que están estrechamente vinculados a la posibilidad de hacer efectivo un futuro con diversidad cultural.
Las legislaciones en propiedad intelectual y derechos de autor están sin duda a la base de la arquitectura jurídica en que se mueve el que hacer editorial. En ellas es fundamental recuperar el equilibrio; no pueden avanzar los derechos del creador o titular por sobre los derechos de acceso al conocimiento, la libertad de expresión y de creación. Hoy estos últimos están en peligro, particularmente si nos proyectamos en el ámbito de las nuevas tecnologías donde se están patentando los nuevos alfabetos. Desde el mundo de los creadores y editores no podemos olvidar el sentido social de nuestro que hacer, y permitir que dominen solo discursos punitivos en este ámbito justificados por la lucha contra la piratería. Esta, es un mal que cabe enfrentar, pero por ningún motivo podemos por ello generar un mal peor. Potenciemos el debate sobre este tema, trabajemos en alianza con bibliotecarios y el mundo de la educación, buscando también que el mundo de la edición migre hacia software libres.
Es básico construir e implementar Políticas Nacionales del Libro y la Lectura, estrategias sistémicas que cubran toda la cadena del libro en cada país. La presentación por parte de la Ministra de Cultura de Chile de la Política Nacional del Libro y la Lectura a la Presidenta Michelle Bachelet el pasado 25 agosto, marca un hito para nosotros. Por años, el desafío de Editores de Chile, asociación que reúne a los editores independientes y universitarios, fue el diseño de una estrategia sistémica que permita poner nuevamente el libro al centro de nuestro desarrollo como país, fortalecer la creación, edición, librerías y bibliotecas, recuperar la valoración simbólica de este objeto en nuestra sociedad. Con la implementación de esta política pública que compromete la acción de la sociedad civil, privados y Estado, articulando medidas para fomentar la lectura, la creación, la producción, la comercialización y el acceso, como lo establece el texto recién presentado, se puede ayudar a romper el cerco de la precariedad para el libro y la lectura en nuestro país, recuperar la relación entre la ciudadanía y el libro. Aunar esfuerzos en nuestros países entre los diversos actores del sector que están comprometidos con la creación y producción nacional, con la existencia de industrias nacionales del libro, es en tal sentido básico.
Por último, es imprescindible reforzar y fortalecer los espacios de acción conjunta entre editores independientes y universitarios entre los países. Hay ya varias experiencias, ejemplos, a fortalecer y multiplicar. Por lo demás, hacer frente a las lógicas de la concentración y a la fuerza de estos grandes conglomerados no puede constituirse en una tarea solitaria. En la creación de alternativas comunitarias podemos potenciar y multiplicar el esfuerzo de cada uno. Por lo demás, el construir sentidos de comunidad entre nuestros pueblos es un desafío cultural, y para ello cabe potenciar un verdadero intercambio cultural, en múltiples sentidos, lo que hoy no es una realidad. No es posible que solo el libro español pueda circular entre nuestros países. Como da cuenta el estudio de CERLALC “Panorama de la edición en Ibero América”, España exportó el 2004 a América Latina 236 millones de dólares, mientras que solo importó de la región 7,6 millones de dólares. Es importante sin duda su presencia pero también lo es la llegada de la creación y producción latinoamericana a la península y por cierto entre nuestros países. Debemos articular acciones entre nosotros y políticas públicas para hacer realidad este anhelo.
Salir del círculo vicioso que mantiene al libro ajeno al imaginario social y del mundo universitario, formándose muchas veces los estudiantes sólo con fotocopias y páginas de internet, segmentos de obras, o fragmentos de información, que difícilmente permiten internalizar ideas y formar productores de conocimientos -no meros reproductores-, es uno de los desafíos de la edición independiente. Es hora de que todos tengan acceso a dar vida a las letras y a hacer propia esa experiencia única de libertad –“el conocimiento y la memoria”- que posibilita “ganar la partida”… “en el juego de la peste y de la vida”3
1 “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Walter Benjamin
2 Diccionario de la real Academia
3 La peste, Albert Camus
Paulo Slachevsky
Lom Ediciones
Director Editores de Chile

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