martes, octubre 31, 2006

Los retos de la edición independiente frente a la globalización

Octavio Kulesz
Libros del Zorzal


Pocas veces como en los últimos años las editoriales independientes enfrentaron tantos retos y de tal magnitud. Desafíos comerciales, tecnológicos, logísticos, comunicacionales: con la globalización, muchos emprendimientos independientes sucumbieron frente a corporaciones multinacionales que monopolizaron el mundo del libro. Con todo, en la actualidad puede apreciarse un cambio de tendencia en numerosos países, como es el caso de Argentina. En esta presentación intentaré exponer, a partir de mi experiencia en Libros del Zorzal, los principales retos a los que vienen enfrentándose los editores independientes, y trataré de señalar, paso a paso, las iniciativas que podemos llevar adelante para convertir esos obstáculos en oportunidades.


I. Los retos

1. La dificultad más evidente proviene, sin dudas, del área financiera. No hace falta ser un experto para percatarse de que por lo general las grandes corporaciones, en comparación con las editoriales pequeñas, cuentan con recursos muy abundantes y rápidamente disponibles. La mayoría de los emprendimientos independientes tienen serios problemas a la hora de reunir el dinero necesario para llevar adelante sus proyectos, y esto plantea una desventaja de partida.
Como consecuencia, para un editor alternativo prácticamente no cabe ningún margen de error en las decisiones editoriales, pues una tirada de 1000 o 2000 ejemplares que luego no se vende como se esperaba representa un golpe financiero casi imposible de asimilar. De ahí que muchos comiencen imprimiendo una primera edición inferior a los 500 ejemplares, lo que en tecnología offset –es decir, en la modalidad tradicional de impresión– determina un costo mucho más elevado por unidad y, por ende, la obligación de subir el precio del producto.

2. Aunque parezca extraño mencionarlo, es frecuente observar que entre los editores alternativos también escasea el tiempo. Buena parte de quienes llevan adelante un pequeño emprendimiento dividen sus horas entre la edición y otra actividad gracias a la cual sobreviven. Esto, sumado a las dificultades de realizar contrataciones, implica una insuficiencia grave de recursos humanos, un handicap frente a la extrema departamentalización que hallamos en los grandes grupos.

Dentro de una corporación, el sector de diseño se dedica exclusivamente a diagramar, el de corrección a cuidar el estilo, etc. Pero en una editorial independiente, lo más común es encontrar al director diseñando, corrigiendo, cargando cajas, cobrando, contactando periodistas, todo en el poco tiempo que queda luego del trabajo que le proporciona el sustento económico. Esta falta de división de las tareas conlleva un riesgo tanto para la calidad del producto final como para el equilibrio personal del editor.

3. Un tercer aspecto que deberíamos mencionar es el relacionado con la promoción. El poder financiero y comunicacional de los grandes grupos les permite utilizar un vasto sistema de alianzas para transmitir y obtener información. Son las corporaciones las que dominan la mayor parte de las ferias internacionales, mantienen acuerdos muy especiales con medios de prensa –que frecuentemente forman parte de un mismo conglomerado económico– y su capacidad de presión en los puntos de venta les da la posibilidad de adueñarse de los mejores espacios en las librerías.

Por contraste, un editor independiente debe realizar esfuerzos considerables para asistir a ferias que por lo general quedan muy lejos de su país y, como bien se sabe, la falta de regularidad en la participación de esta clase de eventos lleva muchas veces a perder lo conseguido en ocasiones anteriores. Por su parte, el trabajo con la prensa exige un trato igualmente constante, que también puede malograrse si no se sostiene en el tiempo. Y por último, un editor pequeño puede llegar a muchas librerías, pero si no cuenta con auténtica visibilidad (en las mesas o las vidrieras), a duras penas conseguirá que el lector común se percate de la existencia de su sello.


II. Tomar la iniciativa

Estos desafíos estructurales han sido y continúan siendo importantes, pero no necesariamente insuperables. Muy por el contrario, creo que, si los abordamos adecuadamente, los editores independientes podríamos incluso sacar partido de ellos. En mi opinión, muchas de nuestras vulnerabilidades pueden transformarse en fortalezas.

1. En primer lugar, la alarmante reducción de la diversidad bibliográfica y cultural que surgió como consecuencia de la concentración editorial llevó a muchas áreas del sector público a implementar programas de ayuda para los emprendimientos alternativos. Probablemente, el caso más destacado en la materia constituya la experiencia de la Subsecretaría de Industrias Culturales, perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El organismo estimula, desde hace algunos años, la producción y la difusión de materiales independientes, y sus iniciativas han modificado el panorama de la edición en la ciudad. El caso de la Subsecretaría debería servir de modelo para programas nacionales y, por qué no, continentales.
Existen, además, diversas ayudas a la traducción ofrecidas por ciertas Embajadas, que tienen bastante en cuenta a los editores pequeños. Francia, Italia, Alemania y Noruega son algunos de los países que apoyan activamente la traducción al español de sus autores contemporáneos. Estas naciones son conscientes del valor de los pequeños sellos a la hora de difundir la cultura.
En este momento, los editores independientes debemos saber que en el sector público encontraremos aliados claves: organismos locales, nacionales o supranacionales que perciben con preocupación el empobrecimiento de la diversidad bibliográfica.

2. En segundo término, existe otro elemento que debemos aprovechar hoy más que nunca: me refiero a los enormes cambios tecnológicos que está evidenciando el sector. Con esto apunto tanto a los avances en términos de impresión de los libros como a las innovaciones en software de diseño; ambos pueden significar ventajas, especialmente para los sellos alternativos.
Actualmente, comienza a imponerse, con una fuerza cada vez mayor, la impresión digital o “bajo demanda”. Gracias a esta modalidad, un editor puede publicar una tirada de pocos ejemplares (10, 50 o 200 ejemplares, la cantidad que desee) a un costo accesible. Obviamente, el gasto por ejemplar es más elevado que en la tecnología tradicional –offset–, pero la ventaja es que ya no hace falta imprimir grandes cantidades (500 o 1000, por caso). La impresión digital todavía presenta algunas limitaciones (en el formato de las tapas, por ejemplo), pero los avances son tan rápidos que cabe esperar mejoras en el mediano plazo. La asimilación de esta tecnología por parte de los sellos alternativos ayudará a minimizar los riesgos de las primeras ediciones, así como a reducir el espacio destinado al depósito de los libros.

Con respecto al software de diseño, es indispensable trabajar en la incorporación de los programas más recientes, como el Indesign CS2, que tiene, entre otras ventajas, la de colocar automáticamente las notas al pie –algo que ni las últimas versiones de QuarkXPress consiguen hacer–. Este elemento, que puede parecer insignificante a primera vista, permite diagramar un libro de 300 páginas en 3 horas, en vez de hacerlo en 2 días. Sólo con saltos de productividad derivados de la incorporación de nuevas tecnologías será posible competir globalmente con las corporaciones, que cuentan con gran cantidad de personal. Hasta podríamos evaluar la idea de desarrollar softwares de código abierto (como es el caso del Scribus), con módulos especiales que resuelvan los principales escollos del diseño de nuestros libros.

3. De estos elementos se deriva un tercer punto, que considero esencial: la generación de redes de trabajo. Como señalé antes, los grandes grupos cuentan con un sólido sistema de alianzas y contactos nacionales e internacionales. Funcionan por lo general como un enorme cuerpo (no es casual que se llamen “corporaciones”) urgido por la maximización de beneficios de corto plazo, con brazos y piernas repartidos en varios países pero una cabeza ubicada en la sede central, desde la cual se imparten las directivas principales.

Esta “anatomía” les proporciona una notable fuerza de difusión y de información, pero al mismo tiempo los limita, pues las decisiones importantes deben pasar siempre por el centro y luego distribuirse por el resto de la estructura. De hecho, en la actualidad comienzan a revelar mucha más vitalidad los proyectos horizontales que los centralizados: la Enciclopedia Británica pierde terreno frente a Wikipedia, y los medios tradicionales frente a los Blogs. Por eso pienso que es urgente consolidar, a nivel global, una verdadera red de redes de editores independientes. Hay experiencias que apuntan en esa dirección, tal el caso de la Alianza Internacional de Editores Independientes. Un entramado en el que cada editor mantenga su independencia de criterio pero pueda al mismo tiempo compartir ideas y proyectos con otros colegas de todo el planeta.


Conclusión

La edición independiente enfrenta desafíos numerosos y complejos. Sin embargo, la partida no está perdida, ni mucho menos. Quizás pocas veces en la historia se presentaron tantos aliados potenciales para nosotros: el sector público, la tecnología y el trabajo en red. Las corporaciones cuentan con grandes recursos que les permite comprar ideas originales, pero difícilmente pueden elaborarlas. Nuestra tarea será entonces aplicar toda la imaginación posible para comunicarnos y dar la batalla a escala planetaria.

Co-administration & collective property

By Mohammed Umar
Rights Director
Zed Books Ltd
London


Let me start by expressing my profound gratitude to the organisers of this meeting for inviting me to speak on this very interesting topic at this historic event. Historic in the sense that this is the first International Alternative book fair. It is really an honour and a priviledge to be here with like-minded publishers to discuss issues that affects us all.

My topic as you all know is something like THIS IS ALSO HOW A PUBLISHING HOUSE IS BUILT: CO-ADMINISTRATION & COLLECTIVE PROPERTY .

A cooperative is by definition an organization run by the people working in the enterprise. Politically it means workers control. Economically, it means the surplus from this enterprise is not taken away by some capitalist but is shared among the workers or reinvested. This is a broad definition of course. In the UK most cooperatives are only economically minded, that is they only share the profits and don’t exercise the real control as they should. We at Zed exercise full control.

To do justice to this topic, I think it is important to tell you a little bit about Zed Books and how it became one of the very few publishing houses that is administered by a co-operative.

Zed Books was founded thirty years ago by Roger Zwanenberg who before then was a lecturer in Zambia. He is South African by origin. Zed Books was primarily set-up to be a platform for books on the Third world. Roger saw a niche and wanted to provide a platform also for liberation movements that lacked any voice in the struggle for independence in the late 1970s. The publishing house was leftwing and the first titles were on Palestine, South Africa, Namibia etc

The publishing house was doing well and expanded its lists rapidly but was still solely owned by Roger. It was in 1983 that due to some internal and external circumstances that I would not delve into that Zed Press, as it was then known, became a cooperative administered company. Mr Zwanenberg was bought out and he went on to buy Pluto Press in London. The name changed from Zed Press to Zed Books.

Why co-op? Colleagues thought that the most effective way of running a small independent publishing company was to jointly manage it. Left in the hands of an individual, the publishing house might not achieve the aims they set out to do thus from the editorial policy of the company to who prints the books are issues that are jointly taken because Zed Books was not just another publishing house it was a political publishing house that wants to promote certain ideals.

Let me make a very important point here. In the UK, cooperatives are not a legal entity, i.e. they are not defined by law. Companies can be under sole ownership or partnership. These are legal. Zed is a limited liability company but it’s management is co-operative. So two things run parallel here: In terms of ownership, co-op members are directors. Membership is not compulsory but open to whoever works at least four days a week.

The supreme body in our cooperative set up is the Coop meetings which are held once a month. This is where important decisions are taken. All members of the coop are expected to be in attendance. Decisions are by consensus. Non members can attend and contribute to the discussions but can not vote.

We have the management board that does the day to day administration. We have tried different ways here, sometimes we rotated membership, sometime we have members from different departments and sometimes we had volunteers. Please bear in mind that these people do not make policy decisions only the Coop is empowered to do so.

There is not a single model in coop administration. You could have a hierarchical system where-by the coop decides to elect a member from within or appoint an outsider to manage the enterprise but this person is answerable eventually to the Coop- the governing body.

We also have the flat-structure model where people are their own bosses in their own departments. We have tried both and they both have disadvantages and advantages. The hierarchical structure is a bit more efficient but depends largely on the person in charge and how much power is conferred on this person. Should they have the power to fire and hire? The flat structure makes life very interesting and gives the worker room to be creative but can also bring the worst out of any lazy person.

To make a coop work there are so many ingredients. One is commitment. The cooperative spirit must be present at all times. The level of dedication must be higher than in the usual enterprise in the sense that the worker knows that the more the surplus the more the pay at the end of the year.

Perhaps more important to make a cooperative work properly is the equalisation knowledge. By this I mean every member must be fully aware of what is happening in the organisation. Knowledge must be published and all workers encouraged to read them. To make good decisions the workers must be informed and healthy discussions must take place.

At Zed, here are some ways we share information.

1) Publishing meetings. Editors give us information about books and we all have time to read and discuss these proposals. The views of all members are taken into account before a book is accepted.

2) We have a system whereby monthly financial figures are circulated. This gives us an indication of the financial state of the company. How various markets are performing or not performing and whoever is responsible is asked to explain to colleagues what is really happening.

3) Regular sales analysis of books and markets

4) Relationships between all departments are encouraged. Because of the size of the company, we tend to know what is happening in all other departments.

What are the main problems of coop run enterprises?

Lack of commitment by some members can be a real problem. It is difficult to take disciplinary measures as it would involve a lot of (painful) discussions and sometimes impact on jobs. We have been very lucky to date at Zed that no one has ever been sacked. It can be frustrating when some people are definitely working more than others.

Decisions by consensus can be very tedious and time consuming at times leading to almost paralysis.

The absence of a line manager watching over someone can make lazy people simply work less and thus make one dept slower than other others.

What are the lessons? Co-administration in publishing is workable but political will is important. Without it people will not understand the reason of its existence. It is important to make it clear that there is a socialist answer to capitalist problem. Not everything is a commodity. Profit should come second to services. First serve and then make profit. When we had serious financial problems some years ago, there were suggestions that some people should be made redundant. This was voted down because it the capitalist way of resolving problems. The majority of the members opted for an across the board wage–cut. This ensured that we all had jobs and were then able to work hard to get ourselves out of the problem.

I have worked at Zed Books for ten and half years. It has been a huge experience working in this environment.

Once again, I thank the organisers and hope that we’ll have a good discussion afterwards.

Thank you all for listening.

Así también se organiza una editorial. La Cogestión y la propiedad colectiva

Primer encuentro Internacional del Libro Alternativo

Ponencia de Josemari Esparza Zabalegi
Director de la Editorial Txalaparta

Caracas, Noviembre 20006

Estoy seguro de que toda experiencia editorial tiene alguna particularidad especial que la hace singular, diferente al resto de empresas mercantiles; pero creo que la nuestra, Editorial Txalaparta, tiene una trayectoria que la hace más especial aún en este zoo de raras avis que somos los editores.

Comenzando por el final, diremos que Editorial Txalaparta tiene ya 20 años de funcionamiento en el País Vasco, con un fondo de unos 600 títulos vivos que aumenta cada año con 40 novedades. Se edita fundamentalmente en dos lenguas, euskera o vascuence y castellano, y esporádicamente en catalán y francés.

Hemos publicado desde libro infantil hasta grandes enciclopedias temáticas, de hasta 16 tomos, sobre la guerra civil; sobre el conflicto vasco; sobre grafismo reivindicativo… Entre medio tenemos colecciones de ensayo, generalmente sociopolítico; arte y cultura; historia; biografía; literatura vasca e internacional y clásicos de la izquierda.

Ustedes pueden ver en nuestro catálogo pensadores actuales como Noam Chomsky, Gerry Adams, Fidel Castro, Nelson Mandela, James Petras, Heinz Dieterich, Edward Said, James Scott, Inmanuel Wallestein, y clásicos como Che Gevara, José Martí, Frantz Fanon o Lissagaray, al que editamos su fenomenal La Comuna de París.

En cuanto a la literatura, como editorial que somos de un pais pequeño y peculiar, tenemos especial predilección por los narradores de países allende de Europa y EEUU. Y en nuestro catálogo se mixturan solidariamente mexicanos como Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco o Paco Ignacio Taibo; Argentinos como Oswaldo Bayer o Miguel Bonasso; indonesios como Pramoedya Ananta Toer; salvadoreños como Roque Dalton o Manglio Argueta; nicaragüenses como Gioconda Belli; angoleños como Pepetela; mozanbiqueños como Mia Couto; keniatas como Ngugi Wa Thiong´o; cubanos como Alejo Carpentier o Senel Paz; dominicanas como Jamaica Kinkaid; Uruguayos como Mauricio Rosencof o Eduardo Galeano; bereberes como Malika Mokkeden; Chilenos como Pablo Neruda, Francisco Coloane, Díaz Eterovic o Marcela Serrano… Egipcios, kurdos, palestinos, maoríes… Ningún pueblo de la tierra nos es ajeno.

A estas alturas de la presentación ustedes sin duda ya se han hecho una idea de lo que es nuestra editorial, pero se lo redondearé diciendo que somos ante todo una editorial vasca, abierta a todo el mundo como han visto, pero radicalmente indígena, que lucha por encontrar un espacio para su lengua peculiar, su cultura y su país, dentro de un mundo secuestrado por los tiburones del dinero, en el que los pueblos pequeños y las lenguas están, como la biodiversidad o la Amazonía, esperando la tala fatal. Defendemos la diversidad porque, como nos dijo una vez el famoso editor norteamericano André Schiffrin, de una pecera, llena de peces de colores es fácil hacer una sopa de pescado; lo difícil es hacerlo al revés.

Termino esta presentación de nuestra actualidad diciendo que somos diez trabajadores que atienden tanto la editorial como un particular Club de Lectores, y que funciona en régimen de cooperativa. Pese al cooperativismo, existe una cierta jerarquía, y se reconoce tanto la mayor experiencia como la diferente responsabilidad; pero por otro lado, y por acuerdo unánime, todos, absolutamente todos los trabajadores y trabajadoras tienen las mismas condiciones laborales y salariales.

La editorial se creó sin ánimo de lucro, lo cual tampoco es muy meritorio; lo difícil sería lucrarse con una editorial de este tipo. De todas formas, en cuanto a nuestro futuro, está decidido que, sea poco o mucho, el patrimonio acumulado en estos veinte años sea entregado a una fundación dedicada a la promoción de la cultura vasca, y en la que tomarán parte aquellos trabajadores de la editorial que se vayan jubilando de la misma. A fin y al cabo si ellos acumularon las plusvalías, lógico es que sean ellos los encargados de devolverlas a la sociedad.

¿De dónde venimos?

Hecha pues esta presentación de lo que somos, resumiremos cómo nos hemos forjado.

Nosotros nacemos hace 20 años, como editorial independiente, con una clara vocación de ocupar un hueco editorial de izquierdas, espacio bastante abandonado por las editoriales tras los primeros años de la llamada Transición Española, en los que, de la noche a la mañana, se dejaron de transmitir aquellos mensajes y utopías que nos alimentaron en los últimos años de la dictadura franquista.

A esta vocación de cubrir un espacio ideológico, hay que sumarle el espacio natural en el que nos situamos y que nos condiciona completamente: estamos en Navarra, la antigua Vasconia de los romanos, cuna y corazón del Pueblo Vasco, Euskal Herria; conquistada por Castilla más tarde incluso que lo fuera Cuba y Venezuela. Un pueblo vasco que nunca ha dejado de reclamar su libertad y que ha sufrido por ello todo tipo de represiones. Si en el pasado fue el virrey, la pica y el inquisidor, como ustedes recuerdan de su época colonial, en el ayer inmediato, recordamos Gernika; recordamos el franquismo y recordamos también todos estos años pasados en los que, desgraciadamente, el País Vasco ha sido noticia por sus constantes, digamos, desencuentros con el hegemonismo español.

La Txalaparta que nos da nombre es un instrumento indígena de comunicación, de rito comunal. Con ella nos presentamos ante el resto del mundo para aportar y aprender. Apostamos por un planeta solidario y diverso, y nada mejor para ello que empezar afirmando nuestra propia diversidad, defendiendo nuestra propia lengua y cultura. Y desde esa particularidad vamos de lo local a lo universal y viceversa, siguiendo la pauta indicada por nuestro gran escritor Joseba Sarrionandia: “Para que nosotros seamos parte del mundo, el mundo debe formar parte de nosotros”. Editando en varias lenguas, nuestra aportación a la bibliodiversidad lingüística creo que queda fuera de toda duda.

Esa misma diversidad procuramos salvaguardarla en el abanico de publicaciones. Una parte del catálogo está basado en autores vascos, pero como ya hemos visto, tenemos ventanales abiertos a las voces de todo el mundo, sobre todo latinoamericanos, africanos y asiáticos. Del proceso venezonlano, cómo no, hemos editado varios libros y esperamos acompañarle durante mucho tiempo con nuestras publicaciones.

Lo que cuesta ser diferente

Les aseguro que comenzar en los años 80 una editorial con nuestras características no fue tarea fácil: una empresa independiente y pequeña en un momento de concentraciones y monopolios; una editorial de izquierdas en una época de claudicaciones y tibiezas, y por último una editorial vasca en medio del avispero de la llamada guerra del Norte… Hemos sufrido el boicot de determinados medios de comunicación, graves acusaciones y hasta sentencias vergonzosas por decir la verdad antes que nadie. Las presiones continúan, pero aquí nos tienen dispuestos a continuar otros 20 años.

El Club de Lectores

Crecidos en esta adversidad, y también adelantándonos a la crisis de la librería y de la distribución tradicional, solicitamos el apoyo de nuestros lectores y seguidores y creamos hace 17 años un Club de Lectores, sistema de venta propio que compaginamos con la distribución tradicional. Así, varios miles de lectores se comprometen a comprar un mínimo de libros al año de las diversas colecciones, creando un sistema singular que nos ha permitido mantener un ritmo de crecimiento muy estable. Nosotros simplemente preguntamos a nuestros potenciales seguidores: ¿Quieren tener una editorial de estas caracteristicas y con éstos compromisos? Pues ayúdennos. Háganse socios del club y nosotros les editaremos aquellos temas y aquellos autores que ustedes necesitan. En este momento, 4000 suscriptores nos acompañan en el Club, y como pueden comprender son el alma y motor de la editorial.

Los cuatro, uno: Editores Independientes

Esta pelea diaria por la bibliodiversidad y multiculturalidad en nuestro propio país nos reafirma en nuestra vocación universalista. Editar en un país pequeño no presupone aislarse del resto del universo de la edición. Nuestro “estar” en el mundo de la edición se complementa con el grupo de Editores Independientes al que pertenecemos y del que les quiero hablar.

Influidos tal vez por nuestro pasado de sindicalistas obreros, decidimos dar pasos a favor de la unidad con otras editoriales independientes desde el mismo día en que una Editorial grande y abusona echó mano a su chequera para arrebatarnos un escritor que habíamos descubierto y que se había convertido en una –para nuestra humilde medida- de nuestras referencias editoriales. Comprendimos enseguida que la unión de varias editoriales de diferentes áreas del castellano nos permitiría hacer ofertas conjuntas a otros autores, defender mejor los propios, intercambiar libros y experiencias a partir del respeto a la diferencia y no de la competencia… Y tuvimos la enorme suerte de encontrarnos en este camino con varias almas gemelas con las mismas preocupaciones.

Hace ya diez años comenzamos a dar los primeros pasos, y en mayo de 1998 surgía en Gijón el grupo Editores Independientes compuesto por la histórica editorial ERA de México, por LOM de Chile, Trilce de Uruguay y nosotros. Este pasado mes de mayo acabamos de celebrar nuestro XII encuentro con un balance que demuestra el sentido práctico y nada retórico que preside nuestras relaciones: Hasta el momento hemos coeditado unos 80 libros, en unas 200 ediciones entrecruzadas; colecciones de bolsillo conjuntas; intercambio de personal; traducciones y ofertas mancomunadas; presencia conjunta en ferias… Podemos asegurar que nuestros autores y nuestro futuro están ahora mucho más asegurados que antes frente a los grandes grupos, por el simple y tradicional sistema de utilizar el sentido de clase, la unión entre iguales, la camaradería en lugar de la competividad, la ética editorial y la amistad como norma de relación…

Sin embargo, estos importantes ejemplos prácticos no son el principal logro de nuestra alianza. Mucho más importante ha sido la elaboración entre todos de una filosofía y un discurso común que estamos utilizando con éxito en los actuales debates sobre la bibliodiversidad y la diversidad cultural: el papel de la edición independiente en la globalización; los acuerdos de libre comercio sobre bienes culturales; la cuestión vital de los derechos de autor, la propiedad intelectual y las patentes; las relaciones solidarias con editores y creadores de los países neocolonizados…

Y los Cuatro, con los demás

En la misma medida que nos asentábamos y pulíamos el discurso, nuestro Grupo ha estado participando y dinamizando en la misma dirección a otros foros y alianzas editoriales. A la “Declaración de Gijón” que promovimos en el año 2000, siguió la Alianza de Editores Independientes de Chile, que consiguió por vez primera que un Gobierno latinoamericano dejara fuera de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con EEUU todo el paquete cultural, como medio de proteger el libro, el cine o la música local, y eso mismo estamos intentando que se repita en otros países. En ese mismo sentido participamos en Declaraciones como la de Montreal de 2001 o la próxima de Seúl. También hemos estado en el núcleo inicial de la “Alianza de los Editores Independientes para otra Mundialización”, creada en París en la primavera del 2002, que abarca ya a 60 editores independientes de 35 países, organizada en redes lingüísticas, con colecciones que entrecruzan los más diversos catálogos y con unos fines que han quedado perfectamente definidos en la Declaración del encuentro de Dackar del 2004:

-Que el libro es un bien público y no una simple mercancía y que son necesarias otras regulaciones, no sólo las que dicta el mercado.
-Que nos comprometemos desde la edición a compartir proyectos al servicio de la solidaridad, de la justicia social, de rechazo de la discriminación y en pro de la cultura de la paz.
-Que afirmamos nuestra voluntad de defender y promover la edición independiente y solidaria, desarrollar la diversidad cultural, democratizar el acceso al libro, garantizar la libertad de expresión y promover el espíritu asociativo frente al espíritu de concentración…
-Que promovemos acuerdos comerciales solidarios, impulsando procesos de coedición, de traducción y de difusión…
-Que facilitaremos con traducciones y colecciones conjuntas al diálogo entre diferentes culturas.
-Y en definitiva, que deseamos tomar parte activa, desde nuestro sector, en el surgimiento de una sociedad civil mundial, para otra globalización más humana, diversa y solidaria.

En resumen

Esta es, en breve resumen, la experiencia de Editorial Txalaparta y su forma de entender el compromiso editorial. Solemos decir que gracias a nuestra complicidad con miles de socios-lectores y a nuestras alianzas con otras editoriales, hemos garantizado nuestra independencia en un mercado del libro cada vez más controlado por los grandes monopolios. Ergo, hemos garantizado la bibliodiversidad, al menos en lo que nosotros respecta. Queremos aportar nuestra singularidad a un mundo diverso, que a su vez nos debe reconocer a todos, tal como somos. Propugnamos el servicio a nuestras respectivas aldeas y la solidaridad internacionalista, expresándolo por medio de una de las creaciones humanas más hermosas: el libro. Nada más. Eskerrikasko etorri zareten guztiek. Muchas gracias.

Josemari Esparza Zabalegi
Director de Txalaparta

El libro herramienta de liberación

Encuentro internacional de la edición alternativa e independiente
Feria Internacional del Libro de Venezuela, 14-16 noviembre 2006

Mesa redonda:
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: UN NUEVO DESAFÍO EDITORIAL

Ponencia de Pablo Harari
(Ediciones Trilce, Montevideo, Uruguay)
septiembre 2006


El libro herramienta de liberación

Hace tres meses, funcionarios de un ministerio encontraron en un depósito oscuro y húmedo de Montevideo miles de libros requisados hace más de treinta años por la dictadura militar.

La quema de textos, los Index, la censura, son más viejos que los libros mismos, es famosa la destrucción ordenada por el obispo Atanasio de Alejandría en el año 367 que dejó solamente los textos que luego conformaron el Nuevo Testamento.

Pero cuando nos toca de cerca, cuando sabemos que entre esos libros estaban los de la biblioteca de nuestras casas, cuando al abrir alguno de ellos la dedicatoria revelaba que había sido regalado a un conocido, cuando el autor era un profesor nuestro, la destrucción de libros nos llega hondo y nos interpela desde adentro.

Nos hace ver que los libros son herramientas temidas por los oscurantistas, combatidas por los que ven en ellos armas para la rebelión contra la injusticia.

Esta convicción está, para mi, en el centro del tema que nos convoca: “Socialismo del siglo XXI: un nuevo desafío editorial”.

No voy a referirme al socialismo del siglo XXI porque, para ser honesto, no se bien qué es ni cómo será. No es para nada renegar de mi historia personal, inserta en la lucha por la liberación y el socialismo, sino muy al contrario, reconocer la incertidumbre y reafirmar los principios que nos guiaron y nos guían.

Prefiero, entonces, plantear los desafíos de la edición independiente frente al cambio necesario para lograr una sociedad justa, libre y solidaria.

Profundas mutaciones en la industria editorial

Uno de los desafíos es sobrevivir en épocas donde la concentración empresarial y los conglomerados multimedia han provocado un cambio radical en la industria editorial. Los editores independientes tienen que competir con poderosas empresas en desigualdad de condiciones. En este panorama se generan mecanismos de exclusión de las pequeñas editoriales: los autores de grandes ventas reciben adelantos imposibles de igualar, los agentes literarios se ven forzados a vender derechos para toda la lengua y no fragmentados geográficamente, las casas de un mismo grupo comparten títulos para sus colecciones de bolsillo dejando de comprar a terceros, “seducen” a los autores con promesas de difusión internacional (casi siempre incumplidas).

La concentración comenzó en los Estados Unidos y se extendió a otras áreas idiomáticas: si en el mundo de habla inglesa 80% de las ventas de libros corresponden a cinco editoriales, en el de habla francesa cuatro empresas dominan el 75% de las ventas; en España cuatro grandes grupos publican el 50% de los títulos (Planeta solo controla más del 30% del mercado) y el 4% de las empresas editan el 70% del total. En Italia, Mondadori tiene el 31% del mercado (que aliada a Bertelsmann posee quince editoriales de habla hispana, entre ellas la “argentina” Sudamericana y la “española” Plaza y Janés).

Estas grandes empresas, que resultan de las fusiones, han cambiado radicalmente el oficio de la edición poniendo en peligro no solamente a las editoriales tradicionales, independientes, sino al carácter mismo del libro ya que lo que se busca es exclusivamente la rentabilidad. En estas empresas la última palabra en la decisión de publicar o no un libro no lo tienen los editores sino los responsables financieros y comerciales, es una “edición sin editores” al decir de André Schiffrin.

Mundialización y diversidad cultural

La tendencia a la concentración editorial y el desplazamiento de las editoriales nacionales independientes en América Latina se da en el marco del proceso de mundialización económica y cultural.

Ese proceso de propagación veloz y sin trabas de empresas, finanzas, tecnologías, modos de vida, modelos políticos, ideología, no se hace en igualdad de condiciones. Hablar de “globalización cultural” es un abuso del lenguaje, ya que, por un lado, el flujo de bienes culturales no se da globalmente sino en un sentido: desde los países ricos a los más pobres (si bien ciertos elementos culturales de los países pobres son muchas veces transformados en mercancías difundidas mundialmente); y por otro, hay millones de seres humanos que no tienen acceso a esos bienes globalizados (son millones quienes jamás han realizado una llamada telefónica).

La globalización no es un proceso de la naturaleza, se lleva a cabo con invasiones militares y con acuerdos comerciales. Si bien puede tener aspectos positivos actúa como aplanadora y amenaza tanto en el ámbito de la identidad o identidades de un pueblo como a la necesaria diversidad cultural a escala planetaria.

Esa amenaza tiene dos fundamentos básicos, por un lado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que abren la posibilidad de construir progresivamente un espacio internacional homogéneo, esas tecnologías son el medio principal de la uniformización cultural. Por otro lado los bienes y servicios culturales tienen cada vez más peso económico y se dan negociaciones a escala internacional guiadas por intereses económicos y comerciales poderosos que se imponen a los más débiles atentando contra su cultura y en definitiva contra su soberanía.

La diversidad cultural se encuentra amenazada por el proceso de globalización en una sola dirección y por la predominancia del llamado pensamiento único.

Las editoriales nacionales, independientes están insertas en la vida cultural, muchas de ellas han sido fundadas por escritores o intelectuales y a través de su acción editorial hacen aportes esenciales. Abren sus puertas a nuevos escritores y buscan creadores, actúan de agentes culturales que dan impulso a proyectos que van más allá de su labor editorial.

Son un factor esencial de la diversidad cultural y la protección de la diversidad cultural forma parte, sin lugar a dudas de esa sociedad más justa que todos queremos.

Un desafío es, entonces, buscar los mecanismos para proteger la edición independiente y alternativa. La iniciativa de este encuentro es un ejemplo de pasos en ese camino.

La necesaria profesionalización

Otro reto que tenemos los editores independientes dentro del marco de una acción comprometida con la cultura es profesionalizarnos. Realizar nuestra labor de la manera más eficiente y dirigida a la calidad. Difícilmente podamos sobrevivir el enfrentamiento a multinacionales -o mismo a pequeñas editoriales- si no editamos la más alta calidad y de la mejor forma. Muchas veces se descuida este aspecto y se pierde de vista que la calidad de las obras publicadas debe, necesariamente, estar acompañada de la calidad en la presentación y de una adecuada difusión. Cada vez son más accesibles los medios para publicar: la composición de texto, las impresoras a demanda, los programas informáticos para tratar imágenes, están prácticamente al alcance de todos pero poder utilizarlos no significa ser editor. Por eso profesionalizar nuestra labor es esencial.

La participación factor esencial

Anteriormente decía que no sé como es ni como será el socialismo del siglo XXI. Luego agregué que sea como sea, la diversidad cultural formará parte de esa nueva sociedad y agrego que la participación de los ciudadanos será también, necesariamente, un factor esencial de una sociedad más justa, igualitaria y fraternal. Es en ese sentido que los editores independientes no debemos quedar encerrados en nuestra actividad sino que debemos participar en diversas iniciativas ciudadanas. No pretendo decir que las editoriales deban tener actividad partidaria ya que dejarían de ser independientes, me refiero a no dejar de expresarnos, participar y comprometernos, cuando los valores que le hacen a nuestra actividad estén en peligro y cuando sea necesario ampliar el campo del libre ejercicio de los derechos relacionados con nuestra actividad (expresión, acceso a la educación, diversidad, etcétera).

Propiedad privada del conocimiento

La ideología dominante y las presiones para imponer una sola manera de ver el mundo actúan sobre un tema que forma parte, creo yo, de los desafíos a enfrentar. La propiedad privada sobre el conocimiento y la creación choca con las necesidades sociales.

Los editores independientes que tenemos una concepción distinta de aquellas empresas editoriales que solamente buscan el lucro, que tenemos un compromiso con la cultura y el conocimiento tenemos que reflexionar sobre este tema.

En todo el mundo se están imponiendo criterios que protegen a ultranza la propiedad intelectual y que monopolizan el saber. Con las patentes es muy claro: a través de ellas controlan el saber tecnológico y las posibilidades de desarrollo de nuestros países.

Nosotros, como editores protegemos el derechos de autor ya que estamos convencidos de que es justo que en esta sociedad los creadores sean remunerados. Pero no podemos desconocer que ese derecho individual tiene limitaciones sociales. Es como aquella persona que protestando porque el dueño de una obra artística la iba a destruir exclamó: ¡la obra es suya pero la belleza es de todos!

Si queremos una sociedad más justa y solidaria no se puede aceptar el monopolio del conocimiento.

Creo que el desafío para nosotros es, en este momento, abrir un espacio de reflexión sobre este tema. Ser concientes de la contradicción existente entre lo individual y lo colectivo y cuestionar, en el mejor de los sentidos, nuestra participación en el monopolio del conocimiento y la creación.

Solidaridad entre editores independientes

Finalmente un desafío ineludible para los editores independientes comprometidos con los cambios para una sociedad más justa e igualitaria es establecer lazos solidarios entre nosotros. Conformar espacios como este Encuentro internacional de la edición alternativa e independiente que tan generosamente ha tomado la iniciativa de convocar el Centro Nacional del Libro de Venezuela a quienes agradezco sinceramente su invitación y a quienes felicito por la II Feria Internacional del Libro de Caracas.

Otras iniciativas están dando sus frutos como el “Primer encuentro de editores independientes de América Latina”, realizado en el año 2000 en Gijón; la creación en el año 2002 de la “Alianza de Editores Independientes” que reagrupa a 70 editores independientes de 40 nacionalidades; el encuentro “Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad” realizado el año pasado en Guadalajara; las asociaciones de editores independientes de Chile, Brasil, Argentina y México entre otras.

Quiero terminar diciéndoles que mi utopía como editor es que el libro sea un artículo de uso corriente y masivo, soporte de conocimiento y rebeldía, gratuito y de calidad. Estoy convencido que una propuesta como esta es imposible en un sistema basado en el lucro y la explotación, luchar por libros para todos será también luchar por una sociedad más justa y solidaria.

Llegar a España

Introducción

Empezaría diciendo que tenemos la gran suerte de contar con un público potencial que va mucho más allá de los límites de nuestros respectivos países. Nuestro idioma nos acerca a aquellos lectores que, aun encontrándose lejos de nuestras fronteras, están dentro del ámbito del castellano y, por lo tanto, podrían interesarse por lo que publicamos. Sin embargo, si ya nos enfrentamos a innumerables problemas cuando nos concentramos en llegar a todas las zonas de nuestros países, las dificultades parecen crecer si pretendemos ir más allá de éstos. Aunque la existencia de esas dificultades sea innegable, también es cierto que las ventajas, así como las posibilidades, son considerables. España es el país de habla hispana con mayor índice de lectura, mayor calidad en la producción de libros y más librerías, por lo tanto es lógico que resulte atractiva. Sin embargo, también es el país con mayor oferta editorial y donde la competencia es más feroz. Tiene condiciones favorables para un editor, como el precio fijo o una mejor plataforma para la distribución, pero las distintas partes del proceso editorial tienen allí, en general, un costo mayor. En cualquier caso, sería lamentable renunciar de antemano a 18 millones de posibles lectores[1] por miedo a los obstáculos, y por eso voy a tratar, desde mi humilde experiencia, de facilitarles el intento de llegar al lector español.

No puedo dar una lista de pasos a seguir que sirvan por igual a todas las editoriales: la fórmula idónea dependerá del tipo de editorial de que se trate, del tipo de público al que esté orientada y, sobre todo, de las intenciones que se tengan. No puedo examinar cada una de las soluciones posibles porque nos harían falta horas, porque yo no tengo todos los datos necesarios para analizarlas —nos haría falta, por ejemplo, la opinión de un jurista que nos hiciera un catálogo de las formas jurídicas posibles, etc.—, y porque tampoco tengo las soluciones para cada situación. Lo que puedo hacer es contarles las opciones que examinamos en Sexto Piso y la solución que finalmente adoptamos tras vencer los problemas que se nos presentaron.


Primer momento: la distribución en España

Cuando no se manejan datos ni presupuestos, se tiende a pensar que claramente compensa producir los libros en Latinoamérica, aunque a los costos de la producción haya que sumar los del envío de los libros a España. Ese fue nuestro primer esquema empleado. La idea era bastante lógica teniendo en cuenta que, además, se trataba de meter las narices en un mercado complicado y de hacerlo de una manera prudente, principalmente para ver la aceptación que tenían nuestros libros. Si no tenían la más mínima repercusión y caían en el olvido, no perdíamos gran cosa. Si encontraban su espacio dentro del mercado español y lográbamos colocar unos cuantos libros en una serie de librerías y, además, unos cuantos lectores se sentían atraídos por éstos y se los llevaban a su casa, mejor. Pero cabía una tercera posibilidad: que algunos de esos libros tuvieran una buena aceptación, los libreros recibieran muchos pedidos de sus clientes y que nos transmitieran su interés en recibir más. Los distribuidores-importadores —desde el punto de vista de España, aunque aquí tal vez debería decir “exportadores”—, en comparación con el resto de distribuidores que actúan en España, tienen un tamaño limitado. Eso implica que, al mismo tiempo, tengan menor agilidad. En ese sentido, en la tercera posibilidad que he mencionado, que es un caso al que precisamente nos enfrentamos en la práctica en aquellos días, ocurría que el distribuidor no tenía la posibilidad de satisfacer esos pedidos. En ese tipo de situaciones, se produce un círculo vicioso, una cadena que nadie puede romper en la que intervienen distribuidor, editor y librero: el distribuidor no tiene la capacidad de traer muchos ejemplares del mismo título, por las complicaciones que ello supone, pero también porque significa asumir un riesgo importante. Por eso, el editor no se lanza a hacer una gran promoción del libro, aunque éste sea susceptible de éxito. Entonces, el librero no hace pedidos importantes y por lo tanto, el distribuidor no trae muchos ejemplares del título.

Esto no significa que el modelo de hacer llegar los libros a España a través de un distribuidor-importador deba descartarse en todos los casos: muy al contrario, podría serles muy útil a algunas editoriales, como por ejemplo aquellas que, por ser muy técnicas, pueden apuntar acertadamente su promoción, para llegar a cierto sector que, aunque sea limitado, sin duda se interesará por algunos títulos de manera sistemática y previsible. Lo mismo ocurre con editoriales que cuentan con un público fiel. Cabe destacar, en este sentido, al lector de poesía que, aunque no es el lector típico sino más bien escaso, suele confiar en ciertas editoriales y puede convertirse en un comprador asiduo. En ambos ejemplos, se trata de cifras de ventas limitadas pero estables.

Segundo momento: el salto

Como ya he adelantado, para Sexto Piso el modelo descrito antes no fue el idóneo. Por eso, nos decidimos a pensar en alguna alternativa y el balance final nos hizo dar el salto.

Para empezar, las características de nuestra línea editorial nos empujaron en buena medida: el catálogo de Sexto Piso, formado por autores universales, habían generado interés en el mercado español, y en la mayoría de los casos Sexto Piso contaba con derechos para todo el castellano, pero la presencia en las librerías había sido insuficiente. Por otro lado, esa primera incursión que habíamos tenido en España nos había dado cierta difusión en medios de comunicación. Libreros y lectores comenzaban a conocer el sello, y era interesante aprovechar esa coyuntura.

Además, tras una exhaustiva comparación de costos editoriales en ambos países, y teniendo en cuenta los tiempos y gastos de exportación que habíamos manejado desde México para España, concluimos que la mejor manera de reducir costos —y por ende precios— era realizar la impresión de los libros directamente en España. A esto hay que añadir que la calidad de producción era claramente superior en España, y esa diferencia, que se percibe en el acabado de los libros, debía tenerse en cuenta. Es cierto que todo esto no es extrapolable a cualquiera de las editoriales que están aquí representadas, ya que los costos y la calidad difieren de un país a otro. Por eso, es fundamental que cada editor realice ese examen por su cuenta, pasando por la toma de contacto con impresores españoles y basándose así en presupuestos reales y comparables.

Problemas de última hora

En Sexto Piso, se nos planteó una duda que viene del hecho de que la mayoría de nuestros libros sean traducciones. Por ser, en su mayoría, de traductores mexicanos, estaban repletas de giros que a un lector español —como a veces a un peruano— le extrañarían o que, incluso, en muchos casos no entendería. La cuestión de adaptarse al español de España es discutible, ya que, por ejemplo, en Latinoamérica desde siempre hemos tenido que tolerar frases como “vosotros, gilipollas, entrad dentro a por el coche y bajad abajo, pringaos”. Además, durante los años del Franquismo, las traducciones que llegaron a España de todos los libros “prohibidos” eran publicaciones del Fondo de Cultura Económica, Paidós, Emecé, etc. Aquellos “progres” se sentían bien afortunados de que esas obras llegaran a sus manos, y no tenían queja alguna en cuanto a los giros de los que hablábamos. Sin embargo, ahora nuestra situación y el contexto son bien distintos: España se ha convertido en el mayor mercado de libro en español. Las cifras editoriales son apabullantes, y nosotros, ante ese panorama, somos microscópicos. El lector español no va a venir a buscarnos por sí solo —como en cambio sí ocurría durante los años de dictadura—, sino que debemos acercarnos nosotros a él. Si las editoriales españolas, al llevar sus traducciones a nuestras librerías de Latinoamérica, hicieran el esfuerzo previo de adaptarse al español de nuestros países, sería un gesto de agradecer, ya que sin duda es mucho más agradable leer en un español que nos resulte familiar. Del mismo modo, si los editores mexicanos y argentinos de los años sesenta y setenta hubieran adaptado sus traducciones al español de España, los españoles habrían estado aún más satisfechos. Sin embargo, todo eso es prácticamente impensable. Pero ocupémonos en nuestro caso: tenemos unas traducciones hechas en México y nos proponemos llegar a un mayor número de lectores en España. Nos disponemos a llevar a la imprenta unos archivos de los que saldrá una tirada destinada a distribuirse sólo en España. Tal vez merezca la pena ese pequeño esfuerzo de adaptación que probablemente nos dé más lectores y mejores críticas. Sin embargo, si introduzco este tema en el apartado de “problemas”, es porque sin duda esta opción tiene sus inconvenientes, ya que no es fácil determinar hasta qué punto puede “metérsele mano” a los textos, es difícil encontrar correctores que sepan hacer ese trabajo tan particular y, por otro lado, introducir ese paso ralentiza considerablemente el proceso.

En otro orden de ideas, no podemos dejar de hablar de los problemas legales. Estamos viviendo una época en la que las legislaciones sobre extranjería de los países europeos se impregnan de una suspicacia y una desconfianza muy llamativas. Esto da lugar a normativas, en casi todos los ámbitos, que no hacen más que poner trabas a cualquier actividad que pretenda llevar a cabo un extranjero. Conviene estar advertidos de este punto, y tratar de recibir una asesoría fiable antes de emprender cualquier proyecto. En nuestro caso, por ejemplo, cuando todo estaba prácticamente funcionando, nos surgió un imprevisto de este tipo, con una norma que acababa de entrar en vigor dos días antes y que nos supuso hacer un trámite adicional con el que no contábamos, que nos paralizó el proceso de constitución durante varios meses. Esto demuestra que, incluso con una buena asesoría, hay que estar preparado para eventuales problemas adicionales...

Conclusión

Para nosotros la experiencia de llegar a España ha sido muy positiva, pero no se puede decir que hayamos superado todos los obstáculos. Aún estamos en un proceso de adaptación a las particularidades del mundo de la edición de España, y transitar ese camino nos tomará más tiempo. Estas peculiaridades, además, no son puntos fácilmente reconocibles ni enumerables, son un conjunto importante de diferencias —algunas muy notorias pero también otras sutilísimas— que vamos asimilando paso a paso. A pesar de estas dificultades, seguimos valorando altamente nuestra experiencia, en la medida en que vamos encontrado lectores de nuestros libros, que agradecen nuestra presencia en ese país, y que nos confirman que no estábamos equivocados al pensar que podíamos tener un espacio dentro del amplio y poblado universo editorial de España.

Creemos que la aventura vale la pena. Creemos que cada vez la sociedad entiende mejor la idea de que debemos hablar de “libros en español” y que no estamos adjetivando los libros con los apellidos de cada país: libros mexicanos, libros españoles, libros venezolanos, etc. Apostamos por un mercado amplio y generoso sin etiquetas nacionales, sin extranjeros, sin lanzar nuestros libros a combatir con otros fantasmas que los derivados de las dificultades objetivas propias de cada libro en cualquier mercado.

Un viejo editor español suele decir a quienquiera que desee iniciar un proyecto editorial, que debe cultivar con mucho esmero la virtud de la paciencia. Iniciar un proyecto editorial equivale a introducir una nueva marca en un mercado nuevo. Con cierto sentido del humor dice que “hacer una editorial o ser editor es muy fácil. Si se sobrevive a los primeros 30 años, uno ya es editor”.


[1] Dato de la Federación de Gremios de Editores de España en 2005. Ésta tiene en cuenta la población española mayor de 14 años (aunque a partir de este año tendrá en cuenta los mayores de 12), es decir 36 millones de personas. Sobre esta base, el porcentaje de lectores es del 51 por ciento.

Sarita Cartonera: experiencia de un proyecto literario, comunitario y solidario

Para comenzar, y teniendo en cuenta que mi presentación se enmarca en el tema de la cogestión y la propiedad colectiva, quiero aclarar un poco cómo entiendo ambos conceptos y hasta qué punto se puede vincular a Sarita Cartonera – proyecto editorial del que vengo a hablar – con ellos, para después ver cómo sucede dicha vinculación.

La segunda definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para el término ‘cogestión’ dice: “participación del personal en la administración o gestión de una empresa”. Esta definición supone la existencia de una jerarquía empresarial: socios y empleados, en la que estos últimos “participan”, se entiende que no equitativamente, de la gestión institucional. Sarita Cartonera no es una empresa: no posee, en rigor, ni empresarios ni empleados y, por lo tanto, no puede enmarcarse en la figura de la cogestión.

Por otra parte, la expresión ‘propiedad colectiva’ está históricamente ligada a la tierra: a los territorios comunes a una colectividad y a las propiedades que de ellos se derivan: minerales, agua, etc., vinculándose en los últimos años también a otras formas de propiedad como la intelectual. Según esto, una forma de propiedad privada sería la ‘colectiva’, en la que los propietarios son una colectividad formada – históricamente – por circunstancias geográficas, pero que hoy puede extenderse a cualquier forma de colectividad. Sarita Cartonera, en tanto es un proyecto ideado y desarrollado por un grupo de individuos, puede enmarcarse en un proyecto de ‘propiedad colectiva’, de características singulares, porque la colectividad propietaria está en constante transformación, como veremos más adelante.

Aclarado el asunto de la posición de Sarita Cartonera frente a la ‘cogestión’ y la ‘propiedad colectiva’, resumo la historia del proyecto, enmarcándola en el proceso editorial peruano, caracterizado por la carencia de un sistema editorial serio, el cual no ha sido propiciado ni por el estado ni por empresas privadas locales ni por universidades ni otras organizaciones. A excepción de la época del gobierno del dictador Velasco Alvarado, quien diseñó la única estrategia exitosa de difusión editorial de la historia del Perú, a través de los Populibros.

Aquí me permito una digresión, básicamente porque estamos en Venezuela, en un contexto social y político singular. La década del setenta podría llamarse la de las dictaduras sudamericanas, los casos emblemáticos son Chile, Argentina o Uruguay. En esos años se formaron gobiernos militares de derecha, respaldados por el gobierno de los Estados Unidos, que buscaban integrar a sus respectivos países al ‘mercado mundial’ con consecuencias sociales desastrosas, entre ellas, la desaparición de muchos de sus ciudadanos. En el Perú, en esa misma época, sucedió lo contrario: se instauró una dictadura de izquierda que buscó – fallidamente y empleando los mecanismos absurdos de cualquier dictadura – integrar a los distintos sectores de la sociedad peruana, entre otras formas, a través de la cultura. De este modo se creó la colección Populibros, que publicó a muchos autores peruanos en tirajes amplísimos a precios muy bajos y con una muy buena distribución nacional. Al caer el régimen, se terminó el proyecto Populibros que, pese a su éxito, nunca fue retomado por ningún gobierno nacional.

En los años siguientes a los Populibros, las pocas editoriales existentes en el Perú, buscaron sobrevivir a una crisis permanente que se agudizó con la entrada al país de multinacionales como Planeta, Santillana y Norma, y la formación de las primeras cadenas de librerías que ahora inundan la ciudad de Lima que, por otro lado, concentra al 90 % de las librerías del país.

Como efecto de la globalización y en respuesta a ella es que, en la década del noventa, toman importancia los fondos editoriales de las universidades y del Congreso de la República, así como las ediciones de ONG especializadas, las que, junto a las pocas editoriales existentes, buscan mantenerse o re-posicionarse en un nuevo circuito editorial, modelado por las transnacionales recién afincadas.

Este contexto se presenta a la vez como negativo y positivo: negativo, en tanto ubica a las editoriales locales y, en consecuencia, a los escritores locales, en un lugar periférico dentro del circuito de circulación de los libros; y positivo, en tanto que, este nuevo lugar asignado para los editores existentes, en su mayoría tradicionales y reaccionarios, permite y casi exige la aparición de nuevas editoriales y de propuestas alternativas que intenten posicionarse como tales y reposicionar a sus autores en este nuevo circuito de lectura globalizada, aun en construcción; en el cual, los proyectos pequeños sólo pueden tener cabida a partir de su diferencia.

En este marco comienza, ahora sí, la historia de Sarita Cartonera.

Sarita Cartonera es un proyecto editorial, cultural, comunitario y, según lo llamamos ahora, solidario. Nos dedicamos a publicar, difundir y distribuir en el Perú, libros de literatura latinoamericana contemporánea en ediciones artesanales: textos impresos en impresora casera, encuadernados con tapas hechas reutilizando cartón desechado y pintadas a mano por adolescentes de zonas marginales de la ciudad. Los autores nos ceden gratuitamente los derechos de edición, los editores trabajamos también gratuitamente, los artistas plásticos que trabajan con los cartoneros las tapas de los libros también lo hacen sin cobrar, y sólo los chicos que hacen la manufactura reciben una remuneración por su trabajo, que se obtiene de la venta de los libros.

Sarita Cartonera es un proyecto que nació a principios del 2004, inspirados en otro muy similar que comenzó en Buenos Aires un año antes, llamado Eloísa Cartonera (ya estamos entrando al tema de la ‘propiedad colectiva’). Eloísa Cartonera nació como una respuesta glocal a la crisis argentina del 2001, empleando uno de sus símbolos: la inundación de recicladores de cartón por las calles de Buenos Aires. Wáshington Cucurto y Javier Barilaro, sus fundadores, decidieron llamar la atención de la población juntando textos urbanos, callejeros y ágiles, fotocopiándolos, encuadernándolos con cajas de cartón cortado y pintándolos a mano por recicladores de cartón.

Un año después, a principios del 2004, Tania Silva y Milagros Saldarriaga, que ya conocían los libros de Eloísa Cartonera y que estaban convencidas de que era un proyecto que debía multiplicarse y extenderse por el mundo (o al menos hasta el Perú), aprovecharon un viaje de Tania a Buenos Aires para reunirse oficialmente con Cucurto y conseguir que éste ceda y apoye la creación de un proyecto análogo al de Eloísa Cartonera, en el Perú (seguimos con la ‘propiedad colectiva’, poco más abajo nos detendremos en ello).

Las prioridades eran otras en el Perú. El país cuenta con un muy bajo índice de lectoría y hay un gran nivel de exclusión, que también alcanza a la cultura. Además, para cuando se inicia el proyecto en el Perú, los escritores noveles locales tenían muchas dificultades para conseguir espacio en alguna editorial, por lo que la editorial cartonera se convertía en un buen canal de publicación.

La primera prioridad a resolver era la de la estética del proyecto. Se decidió que sería un proyecto irreverente y popular, por lo que tomó el nombre de Sarita Cartonera, en alusión a Sarita Colonia, una santa popular peruana, no reconocida por la iglesia, pero que funge de patrona de presos y prostitutas en el país, y que se ha convertido, en los últimos años, en uno de los íconos más importantes de la cultura popular peruana.

El siguiente punto a resolver definió la pauta de lo que sería hasta hoy el desarrollo del proyecto: quiénes lo integrarían. Tania Silva y Milagros Saldarriaga, quienes no se sentían dueñas sino depositarias o continuadoras del proyecto, buscaron involucrar a la mayor cantidad de gente en el mismo: editores, artistas plásticos, correctores de estilo, recicladores de cartón, familiares de recicladores, etc. Por lo cual, si bien no es un proyecto que pueda ubicarse en la definición de ‘cogestión’, sí se enmarca en la de la ‘propiedad colectiva’.

En el primer año de Sarita Cartonera se publicó una veintena de libros, consiguiéndose el apoyo de la Municipalidad de Lima y la empresa privada, lo cual coincidió con la aparición, en ese mismo año, de otras propuestas editoriales alternativas o independientes, como el Álbum del Universo Bakterial, Estruendomudo, Matalamanga, Solar, entre otras que, a fines del siguiente año conformarían el grupo PUNCHE Editores Asociados, buscando dinamizar y desarrollar el sistema editorial peruano. Todo ello contribuyó a la consolidación de Sarita Cartonera y su sistema innovador de trabajo.

Dado que Sarita Cartonera no es una empresa (de hecho, para soportar el marco legal peruano, hubo que crear una asociación sin fines de lucro llamada CHUSCA. Cultura Local Contemporánea, que es la que viabiliza la existencia del proyecto), y que no genera ni generará utilidades, no tenemos que restringirnos a los intereses del mercado, además el trabajo voluntario de casi todos los actores involucrados (los únicos que reciben remuneración son los cartoneros, quienes además de hacer la manufactura leen los libros, trabajan plásticamente y se vinculan con otras actividades artísticas como la música o la plástica) permite a la editorial integrar escritores cuyos derechos de autor no podríamos pagar o artistas plásticos cuyas obras no podríamos comprar; esto permite a Sarita Cartonera un mayor reconocimiento por parte de sus lectores, algunos de los cuales pasaron de compradores frecuentes a voluntarios del proyecto.

Un objetivo primordial de Sarita Cartonera es la difusión de literatura latinoamericana contemporánea en el Perú, no buscamos exportar los libros, más bien junto a nuestros pares de Eloísa buscamos crear una red cartonera latinoamericana, a la que ya se ha sumado Yerba Mala Cartonera, proyecto análogo al nuestro que comenzó este verano en Bolivia, que nos remite otra vez al tema de la ‘propiedad colectiva’, ya que la idea como tal de las editoriales cartoneras es una idea que cualquiera puede tomar (no posee derechos de autor), con la única exigencia de que respete las condiciones básicas que manejamos todos: no perseguir fines de lucro ni impedir, al contrario, alentar, la continuación de la red cartonera que debe permitir a la vez: la difusión latinoamericana de nuestra literatura, la integración de diversos actores en un proyecto cultural, y la solidaridad económica e inclusión cultural de sectores usualmente excluidos.

Pensamiento crítico

El libro en su forma material de papel cada día adquiere más expansión y se mantiene como una inmensa posibilidad, a pesar de los logros de la informática, la telemática, los medios masivos de comunicación y la virtualización permanente de la información y la produccción de conocimiento. Pero más que la objetualidad del libro se acrecienta la necesidad de la lectura, no solamente como un goce individual o la urgencia para acercarse a la formación para la vida y el trabajo, sino también para acceder a la socialización y la cultura, tanto local como universal.

La lectura, entonces, es un hábito absolutamente necesario para ubicarnos en el texto, en el contexto, en las circunstancias, en los entornos,en las relaciones y en las sensibilidades. se lee intertextual, contextual, hipertextualmente. La política editorial se ve, por todas estas razones, inscrita en las dinámicas de unos hombres y mujeres que hacen de sus vidas formas más densas del accionar social y de la interdependencia para lograr el desarrollo de sus potencialidades y el disfrute de sus posibilidades.

La lectura nos comunica, en común acción con los demás. Además de crear nuestras subjetividades en la interacción con los demás en nuestro ser social, dependemos de la lectura para generar esa conciencia fluida y transformativa de nuestras pertenencias y proyecciones.

El socialismo que significa la dignificación humana, la reivindicación del trabajo concreto que elimina su abstracción u objetivación, exige de la lectura esa posibilidad de acercarse a lo desinteresado del conocer, a lo sensible de la vida y a lo humano de su disfrute, para producir y compartir conocimiento.

El saber pasará de ser un valor en cambio, que es cada vez más monopolizado y patentado para el beneficio de quienes lo atesoran para incrementar sus capitales y someter al resto de la humanidad, para volver al colectivo que es quien lo crea y recrea, quien lo puede hacer mucho más poderoso y humano.

Una política editorial debe dirigir sus baterías a generar esa idea de que los procesos de formación requieren de una política de lectura múltiple en la que adoptando lo más avanzado de las tecnologías de la información, de la sistematización y de la circulación de conocimiento, se logren establecer esos ámbitos en los que el mundo se convierta en esa inmensa biblioteca de la que cada vez sabemos hacer mejor uso y de la que nos encontramos cada vez más satisfechos, al mismo tiempo que nos sentimos más comprometidos/as, por que todos/as somos sujetos de la vida y de la sociedad.

Editoriales alternativas en la construcción del socialismo del siglo XXI Un reto doble.

Prefacio

El tema que nos convoca en esta ocasión tiene distintas maneras de abordaje y distintos niveles de estudio, temas que exigen más que un estudio un debate conceptual en torno a tres aspectos fundamentales : el libro, lo alternativo y el socialismo nuestro. Cómo estamos asumiendo estos preceptos, qué nos proponemos con ellos. Convengamos que para llegar a desenlaces en torno a estos aspectos nos haría falta mucho más de 10 minutos y mucho más que un encuentro. Entiendo que el objetivo ahora mismo no es pues llegar a “grandes conclusiones” y dejar verdades asentadas. Este diálogo de saberes ha de ser el comienzo de un infatigable accionar orientado a la inclusión de otras racionalidades que por siglos han sido desperdiciadas amén de la salud de la monocultura dominante. Partir de los conceptos no es un ejercicio ocioso si queremos construir consensos, atendiendo aquello de que “no habrá teoría revolucionaría sin práctica revolucionaria y viceversa”. A continuación un somero análisis histórico para ir insistiendo en que la historia misma es susceptible de cambios.

El libro como dominación

“Al principio era el verbo y dios estaba en el verbo y el verbo era dios”
Juan.

El pueblo hebreo es el pueblo de la escritura por excelencia. Fueron ellos quienes elevaron el texto (lo escrito) a un nivel sagrado. Moisés fue el primer editor de la historia occidental al transcribir los 10 mandamientos dictados por Dios en una piedra y publicarlo a su pueblo. Desde esos tiempos y con la expansión de occidente el “impreso” ha sido el símbolo de la verdad, el sustento de la cultura dominante. No en balde el primer libro que se imprime con el inventito de Gutenberg es la “Santa Biblia”. Occidente demostró que el libro no es un producto cultural nada más sino una herramienta ideológica. El libro se convierte entonces en un acontecimiento contenedor y generador de cultura.

Desde Gutenberg hasta nuestros días ha cambiado la tecnología variando así aceleradamente los procesos de producción de impresos a niveles impensables. Sin embargo no sucedió lo mismo con los criterios editoriales pues, con ciertos bemoles, los medios de difusión y los medios de producción editorial, siguen estando, sino en las mismas manos, por lo menos erguidos en los mismos esquemas de la dominación. La cultura occidental se expandió hace 514 años a este continente a través de la imposición cultural ( dominación territorial y espiritual) de ahí que el saldo histórico no se reduzca a un insondable número de vidas humanas nada más, su gran crimen ha sido desde entonces los continuos etnocidios. Allí donde desfiló la corona, el evangelio y la civilización no hubo espacio para otras visiones del mundo. Símbolos de la conquista son por ello: la espada, la cruz y el libro. Tres elementos desconocidos hasta entonces por los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos.

Los pueblos indígenas que habitaron estos territorios desde hace más 3.500 años, sostenidos por una racionalidad distinta a la que bajó de los barcos, no precisó del texto escrito, del impreso, para salvar el conocimiento ancestral de la voracidad del tiempo ni generar nuevas estéticas, éticas o políticas. Para sustentar la cosmovisión que los unía al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al polvo y a las estrellas; para generar una filosofía, una religión, una historia y una literatura, bastoles el cuento vivo, la anécdota antigua o la canción, lo que hoy conocemos como oralidad. 514 años después, acabadas la mayoría de las lenguas autóctonas, culturas, y racionalidades ancestrales por otra incapaz de convivir con las diferencias, la escuela monoteísta, monárquica y lectoescritora se muestra como única forma legítima y científica de conocimiento y el libro como único contenedor de saberes. Lo demás fue desechado, sustituido, y sobrevive negado. Estamos hablando de una historia que no termina, signada por la dominación, de hecho llevamos demasiado tiempo hablando de ello y es hora de comenzar a hablar de la otra historia: la de la resistencia. De ahí que no podemos hablar hoy de un libro alternativo sin entender que existe el antecedente de otro libro de la dominación. La imposición de una ética, estética, política, religión, filosofía, supone mecanismos de defensa igual de bruscos. Pongo por ejemplo la deserción escolar y el rechazo a los llamados clásicos, a los libros en suma, que nos caracteriza en buena medida a los herederos del esclavismo; como un vago ejemplo. Casi todas las estrategias de promoción de lectura o alfabetización, casi todas fracasaron por no tomar en cuenta este aspecto. Copiados de otros modelos: políticas editoriales y estrategias de lectura no contemplaron la diversidad cultural y los elementos de la resistencia indígena y afrodescendiente al momento de implementarse. Esto es producto de una actitud colonialista o neocolonialista. Conceptos como “Leer es bueno, no saber leer es sinónimo de ignorancia”, “hay que leer lo universal por encima de todo” “la gran literatura, las bellas artes”, son negadores de las otras formas del saber, de los otros criterios de belleza e inmanencia.

La voracidad de occidental no se ha detenido con el pasar de los siglos, se ha ido sofisticando al punto de la legitimación casi absoluta. El rigor científico, tan privilegiado por marxista y neoliberales es uno de los grandes prejuicios de la monocultura, uno de los mecanismos a desmontar en el proyecto de una sociedad nueva, descolonizada e intercultural. Uno de los enemigos de las editoriales de la resistencia.


El libro y la sociedad que necesitamos

Yo diría entonces: el libro alternativo lo es en tanto crítica a la monocultura dominante. Es decir, aquel que como objeto tenga la visualización de las distintas formas de existencia que tienen los pueblos. Será un espacio de interculturalidad o no será. Mucho se ha abusado del término “alternativo” y uno no sabe hasta qué punto sea una nominación reaccionaria. Coincido con Boaventura Santos da Silva en que allí donde existan las dicotomías prevalecen las jerarquías. Entonces cuando hablamos de lo establecido y lo alternativo estamos poniendo al primero por encima del segundo. Sea como sea la oralidad sigue siendo hoy día, pese a la guerra cultural, nuestra forma de expresión más genuina. En ese sentido creo que debemos revisar nuestros conceptos para poder construir un verdadero pensamiento crítico. Estamos hablando de la construcción de una sociedad y de un libro que nos sean propios, es decir que tomen en cuenta la complejidad cultural sin reducirla a sincretismos o pastiches asepticos. En la medida en que puedan representar las distintas racionalidades que cohabitan nuestra contemporaneidad las políticas editoriales serán alternativas al colonialismo moderno. Si no, nada, estaremos reproduciendo el orden establecido y dando sepultura a la diversidad que nos asiste. Partiendo de una crítica a la ideología dominante, libro y sociedad deben perfilarse al encuentro con una subjetividad que entendimos perdida. Es muy corto el tiempo para cerrar mi idea en torno al tema. Apenas digo que descolonizar las identidades es lo primero, lo otro, el libro y la sociedad que necesitamos se irán revelando en la obviedad que las oculta. Saúl Rivas Rivas lo dice mejor que yo: la cuestión consiste en el punto de vista no es lo mismo gritar “¡barco! ¡barco!” que gritar “ ¡tierra! ¡tierra!”. Decidamos con qué ojos nos leemos y luego pensemos en qué palabras nos libramos.

Lo que podríamos plantearnos en este coloquio son, más que respuestas, preguntas que nos conduzcan al hallazgo de nuevas preguntas que nos acerquen finalmente a otras y otras más.


Freddy Ñáñez
Director de Nadie Nos Edita Editores.
0416.478.65.04
San Cristóbal. 2006

El libro necesario frente a la globalización

Gonzalo Fragui

En meses recientes, durante la ceremonia llena de colorido en homenaje a Evo Morales, vi con desbordada emoción física cómo todo el movimiento indígena latinoamericano llevaba regalos, bendiciones y deseos para que los dioses otorgaran al nuevo presidente sabiduría para gobernar. Pensé que comenzaba por fin a andar bien la América, como pedía José Martí. Hubo, sin embargo, un hecho que me produjo una gran curiosidad. La mayoría de los regalos eran tejidos, ruanas, ponchos, mantos, bolsos. Escasamente un libro. Yo estaba ocupado en hacer una ponencia sobre las nuevas alternativas del libro y la lectura en América latina, y no entendía. Ahí fue que recordé una novela de Manuel Scorza, El cantar de Agapito Robles, en donde uno de los personajes, Doña Añada, tejía ruanas, cuyos dibujos anunciaban acontecimientos que ocurrirían en la comunidad en los días venideros, pero que las personas se darían cuenta sólo después de que las cosas, allí anunciadas, habían sucedido.

Quizá sea ese nuestro caso. Antes que el libro, primeramente deberíamos leer realidades, dice Juan Gelman. “Un pueblo es un pensamiento traducido en mil expresiones vivas”, decía Enrique Bernardo Núñez. Y es que la cultura está en los nacientes de la historia. La cultura es la savia de una sociedad. Todos hablan de la economía, de las variaciones de las monedas, de la bolsa de valores, pero muy pocos piensan en lo que nutre desde la raíz. Así es la cultura.

Por ello es bueno recordar que de lo que se trata, entonces, es que estamos antes dos sistemas opuestos y en pugna. Uno cada vez más prepotente, agresivo, saqueador, y otro, solidario y complementario, aunque muchas veces un poco ingenuo y extraviado.

Lo peor de hoy son los nervios del imperio. Parafraseando a Lenin, podríamos decir que “La paranoia es la fase superior del imperialismo”. Y que los pueblos meten miedo, sobre todo cuando los movimientos populares avanzan y se fortalecen, como sucede en estos días, y ojalá que para siempre, en América Latina.

Dice Luis Britto García que a la Iniciativa para Las Américas, la promoción de tratados de libre comercio, y el plan de reducción y subordinación transnacional, se suma hoy como un nuevo campo táctico a ese proyecto hegemónico, el de la guerra cultural.

Pero el imperio no quiere más guerras de desgaste. Lo que le gusta al imperio son los bombardeos desde portaaviones, llámense Eisenhouer o CNN. El imperio siente que se le acaba el tiempo y los recursos. Por eso financia grupos desestabilizadores y arrecia su campaña internacional de desprestigio contra gobiernos legítimamente constituidos, como es el caso del presidente Hugo Chávez, tratando de evitar la reelección en los próximos comicios de diciembre. Se trata de una campaña de “ablandamiento” para, si se dan las condiciones, tratar de hacer algo más “activo”.

Campañas que no dejan flanco alguno sin cubrir. Libros, películas, discos, revistas, medios de “comunicación” harán una alianza macabra destinada a desconocer todo lo que sea desfavorable al imperio.

Campañas dirigidas también a los gobiernos que no se subordinan. A los gobiernos que no cambian deuda externa por soldados muertos en Irak. A los que no cambian países por gaseosas. A los que no permiten violar su soberanía.

El presidente Chávez ha propuesto un nuevo modelo económico de solidaridad para América Latina y el Caribe: el ALBA. Ha propuesto, por ejemplo, un gasoducto desde Venezuela hasta Argentina, pasando por Brasil, Bolivia, y todos los demás países.

De manera análoga creemos que es igualmente urgente y necesario crear un ducto para el intercambio de bienes, servicios y propuestas culturales entre nuestros países. Y allí sí entra, entonces, ya no solitario y desarticulado, el libro.

Pero el libro ha de tener una misión libertaria. Porque el libro, también, muchas veces ha sido compañero del imperio. Así como las lenguas, recordemos a Nebrija. Hay libros arietes, que se adelantan al invasor, o que lo acompañan, preparando el terreno, o matrizando, respondiendo a códigos de neocolonización, que impulsa desplazar toda memoria, toda tradición, toda querencia. Así, por ejemplo, la palabra patria quedó desterrada de nuestro léxico. Era algo “cursi”. Se cambió por “globalización”. Nuestros países fueron expulsados de nuestras escuelas, de nuestras universidades y hasta de sí mismos. Libros y mercenarios que tratan de homogeneizarnos, de banalizarnos, pretendiendo convertirnos en repúblicas “aéreas”, o como aquellas tribus que sólo andaban por las aguas para no dejar huellas.

Mi planteamiento tiene que ver con el libro necesario, con el libro liberador, defensor de nuestras diversidades y de esa gran unidad que somos los países latino-caribeños. En ese sentido quisiera destacar tres aspectos:

En primer lugar, el libro que se escribe por necesidad. Decía nuestro Premio Nacional de Literatura, 2006, Renato Rodríguez, que hay quienes construyen libros y hay quienes escriben. La gran paradoja de hoy es que el llamado “mercado” impone cuál libro debe publicarse y cuál no. Así los libros vivos no se publican mientras salen por millares libros con fecha de caducidad. Libros prefabricados por las editoriales, con arreglos a criterios extraliterarios, los que mueren al nacer, los que duran menos que un atún, como le escuché decir alguna vez a Santiago Alba, y a los que sólo faltaría poner al lado del código de barras, en un aviso rojo y con una calavera: “Consúmase preferiblemente antes de la fecha tal”. Los fondos editoriales alternativos apuestamos a los libros que se escriben por necesidad espiritual de sus autores y no a los libros mercenarios, especie de frankestein literario, de los escritores que se venden por un puñado de euros al mejor postor.

En segundo lugar: Libros y autores fundacionales de nuestra nacionalidad. Libros y autores que fueron silenciados, marginados, secuestrados, pero que siguen vivos. Digámoslo con palabras del poeta cubano Roberto Fernández Retamar en su ensayo “Calibán”: Para ser consecuentes con nuestra actitud anticolonialista, tenemos que volvernos efectivamente a los hombres nuestros que en su conducta y en su pensamiento han encarnado e iluminado esa actitud”.

En tercer lugar: La necesidad de superar nuestro analfabetismo de las lenguas autóctonas. Decía Simón Rodríguez que el quechua y el aymara eran más importantes para nosotros que el griego y el latín. Quizá hoy pudiéramos decir que son igualmente importantes, pero debería haber una Misión Robinson que nos enseñe wuayunaiki, pemón, maquiritare, entre muchos otras lenguas, ya que como lo reza la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, somos un país multiétnico, pluricultural y los idiomas indígenas forman parte de nuestro patrimonio cultural y de la humanidad. Por eso es necesario una campaña de alfabetización en lenguas indígenas y es necesario la publicación de libros bilingües. Miguel Ángel Jusayú decía que hacemos poco con enseñar a leer en wuayunaki si no tenemos libros ni periódicos ni revistas ni emisoras de radio en wuayunaiki o por lo menos bilingües.

Las editoriales alternativas, a pesar de las dificultades, estamos cumpliendo con nuestra parte, publicar libros que se escriben por necesidad de vida de los autores. Pero creemos que deber ser una política de estado la publicación y distribución masiva de libros y autores fundamentales para América Latina y el Caribe, así como de libros en bilingüe. Y es en esa forma que el libro puede ser de manera decisiva un instrumento de integración. Los gobiernos tienen que hacer su parte. Venezuela, con la ayuda solidaria de Cuba, logró salir en tiempo record del analfabetismo. Bolivia ahora hace lo propio. Esa debería ser una prioridad, por lo menos de todos nuestros gobiernos amigos. Así el libro sí tendría un auténtico sentido.

Todo lo demás será ganancia, porque, como decía don Alfonso Reyes: “Todo cuanto se haga a favor del libro, se habrá hecho a favor del hombre, de lo más humano que hay en el hombre”.

La edición independiente y el socialismo del siglo XXI

Cuando los organizadores de este encuentro me propusieron los distintos temas entre los que los editores podíamos elegir para disertar, me llamó la atención inmediatamente este: “La edición independiente y el socialismo del siglo XXI”. ¿Hablar de socialismo hoy cuando los pocos estados socialistas que aún existen son la excepción en un planeta donde el capitalismo parece haber triunfado en todos los frentes? Me sonó a desafío, a sueño quijotesco, y, claro, lo elegí. Es que si algún común denominador tenemos los editores independientes es que nos gustan los desafíos y nuestro trabajo cotidiano consiste en mantener a raya a los molinos de viento que amenazan con borrarnos del mapa de un momento a otro.

Como trabajadora de la cultura estoy convencida de que la dominación no es solo estructural, es decir, política y económica. Siguiendo a Gramsci, creo que los que nos mantiene sujetos a un poder es la hegemonía que este poder logra instaurar. Esta hegemonía que surge de un entrelazamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales. Esta hegemonía, cuando es exitosa, no necesita ni siquiera de la coerción para ser aceptada, porque penetra la totalidad de la vida: nuestros sentidos, nuestra energía, las percepciones que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Gramsci cree que es posible crear una hegemonía alternativa por medio de la conexión práctica de distintas formas de lucha, que exceden aquellas políticas y económicas. En este sentido la cultura y la actividad cultural adquieren un significado completamente nuevo que va más allá de la visión marxista de la cultura como superestructura de una estructura social y económica configurada. Efectivamente la cultura hegemónica o dominante expresa con fuerza la tradición, los valores y el pensamiento de los grupos de poder. Sin embargo, el hombre y sus producciones intelectuales y culturales nunca pueden ser completamente sometidos. En los márgenes de esta cultura dominante existen elementos emergentes y residuales de épocas anteriores que tienen la capacidad de modificar las conciencias y la praxis vital de las personas. Es allí donde la edición independiente adquiere a mi criterio un rol preponderante en hacer conocer estos nuevos pensamientos y a la vez rescatar aquellos pensamientos residuales que fueron desechados por la cultura dominante pero que pueden aportar a esa hegemonía alternativa de la que hablaba Gramsci. Sin duda esta contracultura no solo está protagonizada (como en las clásicas luchas socialistas) por grupos cuya identidad depende exclusivamente de su clase social. Además de los grupos sociales oprimidos por su condición social y económica, existen áreas humanas excluidas de esta cultura dominante. Creo que la edición independiente es uno de los vehículos más importantes para convertir a estos grupos humanos en sujetos sociales al darles un espacio de expresión y existencia pública. De esta manera la edición independiente puede cumplir un rol en el socialismo del siglo XXI, un socialismo donde lo que está en juego no es solo la propiedad de los medios de producción y las relaciones de clase, sino la cultura y la construcción de nuevos sujetos sociales. Esta es la ideología y la visión política que orientan la línea editorial de Marea. En nuestros tres primeros años hemos publicado libros que van en esta dirección de rescatar temas que la lógica dominante del rédito económico inmediato rechaza. Algunos de nuestros títulos son: “Historia de la homosexualidad en la Argentina”, una investigación periodístico-histórica sobre un grupo social negado por la historia oficial de nuestro país que recién ahora está haciendo oír su propia voz. Fue la primera historia integral que se publicó en la Argentina sobre este grupo. También publicamos dos novelas de temática homosexual, que en forma literaria expresan el universo simbólico y cultural que en forma marginal ha construido este grupo social. Son “Y un día Nico se fue” y “La canción de los peces que le ladran a la luna”. “Los niños escondidos. Del Holocausto a Buenos Aires”, de Diana Wang, es un libro testimonial sobre otra minoría de nuestro país, la comunidad judía. Actualmente tenemos en preparación un nuevo libro sobre esta temática llamado “Hijos de la guerra”. También desde la literatura abordamos el universo de este grupo social con “Nuevas crónicas de Tsúremberg”, de Rudy. El año que viene publicaremos una investigación sobre las madres adolescentes, un grupo estigmatizado por su doble condición femenina y adolescente. “La Patagonia vendida. Los nuevos dueños de la tierra”, de Gonzalo Sánchez, muestra cómo la lógica capitalista tiene claros ganadores, mientras que los pueblos aborígenes originarios de la zona absolutamente despojados de la tierra que era suya se sumen en la pobreza. Con un registro más literario, también publicamos los “Cuadernos del camino”, de Mario Markic, donde tienen lugar los personajes anónimos de los distintos puntos de la Argentina.

La elección de otros títulos implica una opción política. “De Ernesto al Che. El segundo y último viaje de Guevara por Latinoamérica”, de Calica Ferrer, es un libro que busca rescatar y retratar a uno de los más grandes personajes que dio la historia argentina y que en nuestro país hasta hace poco fue mala palabra y aún hoy sigue siendo muy desconocida su lucha. “Maldito tú eres. Iglesia y dictadura”, de Hernán Brienza, retrata a un personaje icónico de la perversidad de la dictadura militar que sufrió la Argentina en los años 70, el sacerdote Christian Von Wernich. “Kabul-Bagdad-Teherán. Relatos desde los campos de batalla”, de Gustavo Sierra, es un valiente testimonio de un cronista de guerra que cubrió todos los conflictos bélicos posteriores al 11 de septiembre. El valor es que los protagonistas de estas crónicas no son los misiles, los tanques, los soldados, sino los civiles, la gente común de estas ciudades que se vio arrinconada por una violencia irracional.

Sin duda, son solo granos de arena en este mar del capitalismo globalizado. Pero como editores sabemos que todos los libros son mensajes en una botella arrojada al mar. Y no perdemos la esperanza de que en alguna orilla alguien reciba el mensaje y pase la voz.

Muchas gracias.

Los desafío de la Edición Independiente frente al mercado globalizado

Agradezco al Centro Nacional del Libro la invitación a este encuentro

“El hombre distraído es perfectamente capaz de acostumbrarse.”1

Estas palabras de Walter Benjamín dan sentido y razón al necesario trabajo con el libro y la palabra escrita en nuestra sociedad. Como él señala, las mutaciones en la percepción encuentran su mejor expresión en la cultura audio visual que favorece una recepción sin atención por parte del sujeto, con “efecto de choque”.

¿Por qué leer?

¿En qué otro lugar, más que en los libros, podemos encontrar y vivir tantas preguntas e intentos de respuestas sobre nosotros, los humanos? ¿Dónde más podemos alimentar las nuevas interrogantes que nacen al filo de nuestra experiencia?
Porque el libro y la lectura fomentan y desarrollan nuestra capacidad crítica. No son caldo de una cultura de la distracción, donde el individuo pierde su posibilidad de transformarse en sujeto participe de su sociedad. Con propiedad podemos hablar de ciudadano lector, pues el lector es potencialmente un ciudadano, “sujeto de derechos políticos y que interviene ejercitándolos”2, elevándose por sobre el fruto de la industria del entretenimiento, el receptor / consumidor.

Por estas y tantas razones, como permanente aprendizaje para vivir, para encontrarse y encontrar al otro. Para preguntar y preguntarse. Para hacer propio ese acto de libertad que se construye y reconstruye al filo de la interpretación y creación, el que hacer con el libro mantiene y recobra cada día su importancia si buscamos colaborar en la construcción de espacios sociales más humanos, para sus ciudadanos.

Y sin duda ese que hacer se encuentra con obstáculos similares a los que enfrentan gran parte de las expresiones culturales en el marco de la globalización, donde el predominio de las lógicas de mercado y el culto a la búsqueda de lucro, han llevado a una inédita concentración en las industrias culturales a escala planetaria.

“El modo de integración primitiva de la obra de arte a la tradición encontraba su expresión en el culto” señalaba en 1935 Walter Benjamín en el mismo libro, “hoy la preponderancia absoluta de su valor de exposición le asigna funciones totalmente nuevas, entre las cuales se podría muy bien dar que la función artística aparezca a futuro como accesoria”. Esas palabras premonitorias, reflejan con lucidez lo que ocurre con la cultura y en particular con el libro en tiempos de globalización, donde la creación y producción de países del sur queda relegada a un segundo plano en los circuitos de difusión y comercialización en el mundo y en sus propios países, ante el dominio de una producción marcada por los grandes grupos de la industria del entretenimiento, donde el eje está en la entretención y el lucro, perdiendo la cultura y el arte su capacidad transformadora.

Pensar en el futuro de nuestras editoriales, en un ambiente sustentable para la edición independiente, está estrechamente relacionado con el luchar por ciertas causas que cruzan transversalmente el que hacer cultural y del libro en el marco de la globalización. En tal sentido el movimiento de editores independientes que se ha dado entre y en los países, como así mismo la construcción de espacios de colaboración mutua, es profundamente alentador. Son muchos los frentes a los que cabe prestar atención, pero sin duda hay a lo menos cuatro grandes temas que están profundamente vinculados a la sustentabilidad futura de la edición:

La lucha por la diversidad cultural que encuentra en la bibliodiversidad una de sus mayores expresiones esta a la base. La Convención Internacional para la Protección y Promoción de la Diversidad Cultural, aprobada en octubre 2005 con solo dos votos en contra y 148 a favor, busca potenciar políticas públicas que ayuden a mantener vivos los tejidos culturales locales, y dotar a la cultura de una base jurídica a nivel internacional que establece derechos y obligaciones de los Estados en relación a sus expresiones culturales. Hacer efectivo lo que establece la Convención de UNESCO en favor de las expresiones culturales es básico para mantener vivo el derecho de los estados a participar en su desarrollo cultural, lo que sin duda incide profundamente en el tipo de democracia que construimos. Participemos activamente en cada uno de nuestros países en las Coaliciones para la Diversidad Cultural y promovamos como primer paso la ratificación de la Convención. En este camino es importante también poner sobre la mesa temas que están ausentes de la Convención -como la concentración en los medios de comunicación- los que están estrechamente vinculados a la posibilidad de hacer efectivo un futuro con diversidad cultural.
Las legislaciones en propiedad intelectual y derechos de autor están sin duda a la base de la arquitectura jurídica en que se mueve el que hacer editorial. En ellas es fundamental recuperar el equilibrio; no pueden avanzar los derechos del creador o titular por sobre los derechos de acceso al conocimiento, la libertad de expresión y de creación. Hoy estos últimos están en peligro, particularmente si nos proyectamos en el ámbito de las nuevas tecnologías donde se están patentando los nuevos alfabetos. Desde el mundo de los creadores y editores no podemos olvidar el sentido social de nuestro que hacer, y permitir que dominen solo discursos punitivos en este ámbito justificados por la lucha contra la piratería. Esta, es un mal que cabe enfrentar, pero por ningún motivo podemos por ello generar un mal peor. Potenciemos el debate sobre este tema, trabajemos en alianza con bibliotecarios y el mundo de la educación, buscando también que el mundo de la edición migre hacia software libres.

Es básico construir e implementar Políticas Nacionales del Libro y la Lectura, estrategias sistémicas que cubran toda la cadena del libro en cada país. La presentación por parte de la Ministra de Cultura de Chile de la Política Nacional del Libro y la Lectura a la Presidenta Michelle Bachelet el pasado 25 agosto, marca un hito para nosotros. Por años, el desafío de Editores de Chile, asociación que reúne a los editores independientes y universitarios, fue el diseño de una estrategia sistémica que permita poner nuevamente el libro al centro de nuestro desarrollo como país, fortalecer la creación, edición, librerías y bibliotecas, recuperar la valoración simbólica de este objeto en nuestra sociedad. Con la implementación de esta política pública que compromete la acción de la sociedad civil, privados y Estado, articulando medidas para fomentar la lectura, la creación, la producción, la comercialización y el acceso, como lo establece el texto recién presentado, se puede ayudar a romper el cerco de la precariedad para el libro y la lectura en nuestro país, recuperar la relación entre la ciudadanía y el libro. Aunar esfuerzos en nuestros países entre los diversos actores del sector que están comprometidos con la creación y producción nacional, con la existencia de industrias nacionales del libro, es en tal sentido básico.

Por último, es imprescindible reforzar y fortalecer los espacios de acción conjunta entre editores independientes y universitarios entre los países. Hay ya varias experiencias, ejemplos, a fortalecer y multiplicar. Por lo demás, hacer frente a las lógicas de la concentración y a la fuerza de estos grandes conglomerados no puede constituirse en una tarea solitaria. En la creación de alternativas comunitarias podemos potenciar y multiplicar el esfuerzo de cada uno. Por lo demás, el construir sentidos de comunidad entre nuestros pueblos es un desafío cultural, y para ello cabe potenciar un verdadero intercambio cultural, en múltiples sentidos, lo que hoy no es una realidad. No es posible que solo el libro español pueda circular entre nuestros países. Como da cuenta el estudio de CERLALC “Panorama de la edición en Ibero América”, España exportó el 2004 a América Latina 236 millones de dólares, mientras que solo importó de la región 7,6 millones de dólares. Es importante sin duda su presencia pero también lo es la llegada de la creación y producción latinoamericana a la península y por cierto entre nuestros países. Debemos articular acciones entre nosotros y políticas públicas para hacer realidad este anhelo.

Salir del círculo vicioso que mantiene al libro ajeno al imaginario social y del mundo universitario, formándose muchas veces los estudiantes sólo con fotocopias y páginas de internet, segmentos de obras, o fragmentos de información, que difícilmente permiten internalizar ideas y formar productores de conocimientos -no meros reproductores-, es uno de los desafíos de la edición independiente. Es hora de que todos tengan acceso a dar vida a las letras y a hacer propia esa experiencia única de libertad –“el conocimiento y la memoria”- que posibilita “ganar la partida”… “en el juego de la peste y de la vida”3

1 “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Walter Benjamin
2 Diccionario de la real Academia
3 La peste, Albert Camus


Paulo Slachevsky
Lom Ediciones
Director Editores de Chile